Cada decisión que el ejecutivo toma es un monumento, del tamaño del que está en la Plaza Grande, a la inoperancia y la improvisación, a la falta de articulación y la ausencia de planificación; y los grandilocuentes anuncios que se hacen de estas son oportunidades diarias para comprobar, como dijo Galileo, en la práctica lo que la teoría ya nos dijo.  A estas alturas bien podría pensarse que los funcionarios de comunicación a la par que redactan el comunicado oficial ya tienen redactado el comunicado aclaratorio; cada “discurso presidencial” debe venir acompañado del discurso aclaratorio.

La mayoría de ecuatorianos, seguramente, cuando fuimos niños escuchamos el famoso estribillo “De tin marín de do pingüé, // Cúcara, mácara, títere fue, // Yo no fui, fue Teté, // Pégale, pégale, al quien fue.”y con el aprendimos un método rápido y poco reflexivo para elegir entre diversas opciones. Cosas de niños.

Más, no podía ser de otra manera, en este terruño llamado Ecuador esa práctica, en varias ocasiones –más de las que debería esperarse-, ha transcendido lo etario y se ha convertido en herramienta recurrente para resolver cuestiones en las que se prefiere tener al azar como el chivo expiatorio si es que llegamos a equivocarnos –y vaya que nos hemos equivocado bastante-.

Recientemente escuchaba a un grupo de estudiantes de bachillerato, previo a rendir el Ser Bachiller, que en caso de no saber la respuesta lo mejor era recurrir al tin marín. Cosa similar se decía previo a las últimas elecciones, entre tanta cara y tan poco candidato, lo mejor era ir al tin marín. De estos ejemplos podemos encontrar muchos y para las más diversas circunstancias.  Más, lo que parecía inadmisible es que el tin marín se convierta en el axioma que dirija la acción del Gobierno de la República.

Es que no hay otra justificación para tanta improvisación.  Solo puedo imaginarme a Moreno contemplando, desde el balcón de Carondelet, las espaldas del monumento a la Independencia y a sus ministros contemplando las espaldas de Moreno en su perverso juego del tin maríny así resolver el rumbo del país.

Cada decisión que el ejecutivo toma es un monumento, del tamaño del que está en la Plaza Grande, a la inoperancia y la improvisación, a la falta de articulación y la ausencia de planificación; y los grandilocuentes anuncios que se hacen de estas son oportunidades diarias para comprobar, como dijo Galileo, en la práctica lo que la teoría ya nos dijo.  A estas alturas bien podría pensarse que los funcionarios de comunicación a la par que redactan el comunicado oficial ya tienen redactado el comunicado aclaratorio; cada “discurso presidencial” debe venir acompañado del discurso aclaratorio.

Así en cuestión de días pasamos del “Galápagos es el portaviones natural para operaciones de EEUU” a “no se construirá una base militar”.  En una performance orwelliana, el Ministro de Defensa anunció que nuestro país entregaría parte de nuestras islas al control operacional de los militares norteamericanos.

Tal como reza el slogan en el libro 1984 “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza” el gobierno de Moreno justifica lo indefendible y, acompañado del oligopolio mediático corporativo, pretende hacer pasar como necesario lo contingente. Y ejemplos sobran: las soluciones a la crisis; la ley trole 3 y la que viene, las reformas laborales, etc.

Entre todas, y sabiendo que este (des)gobierno tiene problemas con el uso del recurso de privación de la libertad, los casos de Julian Assange y Ola Bini son el extremo del juego, de tal magnitud que Moreno y su triste arlequín María Paula Romo jugaron al tin marín con el artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.” e inobservaron de la forma más descarada el cumplimiento de dicha garantía fundamental de Assage y Bini.

En ambos casos, la parte de la canción “títere fue” es patente, en tanto que son las agencias de seguridad de los Estados Unidos quienes están detrás de las detenciones y del destierro en el caso de Assange, y el gobierno ecuatoriano no es más que una oficina de Washington.

Con el caso de Ola Bini; Moreno ha demostrado su parentela con Drácula y sin la menor sangre a la cara afirma “yo no fui, fue teté” é” y pretende desvirtuar que fue el quien ante los medios afirmó que Bini era un hacker cuasi terrorista que estaba punto de destruir al estado ecuatoriano y que existían pruebas suficientes para incriminarlo.

Por su parte, más de 71 días después de su detención de Bini, la Ministra Romo ha mostrado su filiación con una estatua de sal, pues no oye escucha habla ni una palabra respecto a la detención arbitraria –como lo consideró la justicia ecuatoriana y por la que fue concedida la acción de habeas corpus- del “hacker ruso miembro de WikiLeaks” que resultó ser en realidad un ciudadano sueco, desarrollador de software para la protección de datos, del cual Romo se preciaba de haber detenido el mismo día que entregaron a Assange a los británicos bajo el “compromiso firmado de que no sería extraditado”.

Mientras tanto, en el país del tin marín,el régimen de garantías propio de un estado de derecho no es más que un concepto que el gobierno puede suspender para cualquier ciudadano sin la menor argumentación o prueba. Queda en nuestras manos cambiar de estribillo. (O) Diego Vintimilla


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