Ha pasado más de un mes desde que el gobierno de Estados Unidos disparó una salva contra la compañía china, imponiéndole restricciones al acceso de tecnologías estadounidenses. A pesar del constante fuego, Huawei no sólo ha logrado desviar los proyectiles, sino que ha seguido adelante con sus planes.

Cuando las cosas se ponen duras, lo difícil es mantenerse en la ruta. Esta es una frase que, aunque la he leído a menudo, muy pocas veces he creído que se pueda apreciar en la vida real. Sin embargo, debo confesar que el ajetreo y el entusiasmo cotidiano que se experimenta en el campus de Shenzhen, sede de Huawei, ha demostrado que estoy equivocado.

Ha pasado más de un mes desde que el gobierno de Estados Unidos disparó una salva contra la compañía china, imponiéndole restricciones al acceso de tecnologías estadounidenses. A pesar del constante fuego, Huawei no sólo ha logrado desviar los proyectiles, sino que ha seguido adelante con sus planes.

En Shenzhen, nadie ofrece la impresión de que la compañía está bajo asedio. Lo único que se destaca es que están más ocupados que lo habitual.

A lo largo de los años, he sido testigo del increíble desarrollo de Huawei hasta convetirse en el gigante tecnológico global que hoy es. Sin embargo, nunca me pregunté: ¿qué fue lo que mantuvo a la compañía siempre “dando la hora”? La respuesta tal vez está en la sabiduría de su fundador Ren Zhengfei.

En medio de la represión del gobierno de los Estados Unidos contra Huawei, Ren comparó a su empresa con un avión que lucha contra las probabilidades de regresar a la base, incluso si tiene que tapar agujeros en pleno vuelo. Al igual que el Ilyushin Il-2, que siguió volando a pesar de ser alcanzado por proyectiles antiaéreos y disparos de ametralladora durante la Segunda Guerra Mundial, Huawei parece más decidida que nunca a demostrar que las compañías tecnológicas chinas sí pueden prosperar en la arena global.

Muchos habían asumido que, dada su dependencia de los proveedores estadounidenses a la hora de adquirir componentes y el programa clave, la decisión de Washington le asestaría un golpe mortal a la reconocida empresa de Shenzhen.

Pero no ha pasado nada de eso. En su lugar, los ingenieros trabajan horas extras para acelerar el desarrollo de un sistema operativo interno que reduzca la dependencia de otras empresas internacionales, mientras que la unidad de microprocesadores se concentra en los semiconductores autodesarrollados y los pedidos internacionales del sistema de telecomunicaciones 5G siguen en marcha.

Shao Yang, director de estrategia del grupo de negocios de consumo de Huawei, declaró en una reciente entrevista que “Huawei no está en su momento más peligroso, aunque sí en su mejor estado”. Y aunque no oculta el hecho de que la empresa se enfrenta a vientos en contra, señaló que sus 180.000 empleados están más que listos para hacerle frente al mayor desafío que han tenido en sus 30 años de historia, demostrando una solidaridad sin precedentes.

Una de mis amigas, que ha estado trabajando en Huawei durante cuatro años como ingeniera de TI, solía comentarme que pensaba cambiar de trabajo para probarse en algo nuevo. Sin embargo, últimamente ha abandonado esa idea.

“En una coyuntura tan crítica, nadie quiere ser un desertor”, me aclaró.

Sin duda, la resiliencia de Huawei se fraguó en aquellas décadas donde la empresa estableció un fuerte y constante aporte a sus labores de investigación y desarrollo.

En 1991, Huawei –que tenía cuatro años de fundada- estableció su propio Centro de Diseño de Circuitos Integrados, específicos para aplicaciones. Este paso marcó el inicio de su largo viaje dentro de la industria de los semiconductores, que suele ser apodada como “la joya de la corona” dentro de argot del negocio de productos electrónicos.

Buscando crecer en destreza tecnológica, durante la última década Huawei ha dedicado 394 mil millones de renminbi (56.900 millones de dólares estadounidenses) al desarrollo de I+D y al financiamiento de investigaciones científicas fundamentales.

Ren, en relación a los desafíos actuales que enfrenta Huawei, afirmó categóricamente que “si otros recortan nuestro suministro de alimentos, debemos tener un plan que nos respalde”.

Mi percepción de Huawei es la imagen de un incansable avión que abandera un lema: los héroes no nacen, se forjan.

Por Ma Si: El autor es un reportero de Chinadaily.

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