La confianza de Trump en su victoria no debería sorprender.

Muchos esperaban que Donald Trump dejase vacante su puesto en la Casa Blanca. Sin embargo, sigue anunciando sus intenciones de lograr su segundo mandato como presidente de Estados Unidos. Cuando asumió el cargo por primera vez en 2016, algunos tenían la esperanza de que solo sería cuestión de tiempo hasta su renuncia. La tarea de presidente es más difícil que cualquier otra cosa que haya hecho en su confortable vida. Seguramente preferiría ver Fox News, insultar a celebridades por Twitter o pasar sus días jugando al golf.

Cuando ya se vio que no iba a renunciar, muchos creyeron que sería destituido de su cargo. Independientemente de si al final obstruyó la investigación sobre su campaña o alentó a Rusia a piratear el servidor de sus rivales, a Trump no se le ha juzgado ni por delitos graves ni por delitos menores. Su destitución es tarea del Senado. Y como la cámara está controlada por republicanos, no les interesa atacar al líder de su propio partido.

Como no fue destituido, muchos esperaban que la economía hiciese esa tárea. Desde el inicio de su mandato, los economistas auguraban una época negra para la economía. A veces la punta del iceberg eran las bajadas de impuestos. Otras, los fuertes aranceles o el aumento del gasto público, que provocó una subida de la deuda nacional de dos billones de dólares hasta este momento. Puede que los economistas tengan razón a largo plazo. Sin embargo, por ahora la economía está en buen momento y el desempleo está en torno a un 3,6%, el mínimo en un periodo de casi 50 años.

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