Luego de 74 días de una larga espera, por fin el CNE entregó las credenciales a los siete comisionados principales y siete alternos del CPCCS definitivo. Tantos recursos y otras cuantas impugnaciones, angustiosas demoras en el Tribunal Contencioso Electoral, denuncias de metidas de mano de otras funciones del Estado, cuándo no. Al fin tomó forma la entidad fundamental del quinto Poder del Estado, el de Transparencia y Control Social. Largas vigilias, voces de reclamo por las extrañas demoras; y todo por las desesperadas sospechas del poder de turno de que entre los elegidos haya correístas y eso ha sido un grave delito para la escala de desvalores de los odiadores. Chuta me salió en verso y sin esfuerzo. Otro verso…

No terminaban de festejar los ungidos, cuando la novedad: el comité nombrado por el transitorio mayor iniciaba una fuerte campaña nacional para desaparecer al flamante CPCCS y precisamente porque sus sospechas han sido ciertas, hay correístas entre los escogidos por la voluntad popular y eso no se puede permitir. Imagínense que revisen todo lo actuado por los transitorios, a sabiendas de que violaron la Constitución porque les dio la gana, nombraron a sus agnados y cognados en los organismos de control, por el único mérito de odiar con todas sus fuerzas a Correa. Y que eso vengan a auditar: ¡imposible!

Ya tomaron la precaución de protegerse con una curiosa resolución de la Corte Constitucional para que no les pase nada, como si no tuvieran la ineludible obligación por su calidad de  servidores públicos de rendir cuentas de sus actos, como cualquier cristiano. Nada ni nadie podrá impedir que el Estado ejerza su potestad de revisar los actos transitorios a través de la Función de Transparencia. Entonces quieren curarse en salud. “Muerto el perro se acaba la rabia”, han de decir, sin reparar en que cualquier opacidad o sospechoso secreto, será entendido por el soberano como un indicio de complicidad.

“Cuando el pobre lava la camisa, ese día llueve”. Salieron los encargados de continuar con la destrucción del Estado de Derechos con un entusiasmo que más parece desesperación, porque saben que el nuevo CPCCS está dispuesto a ejercer todas sus facultades, sin intromisión de ninguna otra función. Y quieren tragárselo enterito. Eso no se va a poder mi bonita.

Y para terminar, no mismo les gustó el vestido de la Paolita. Ahora le quieren fuera de la Prefectura porque su nombre dizque ha salido en una de esas páginas de la famosa “prensa libre e independiente”. Pruebas señores, pruebas. Es todo. (O) Juan Cárdenas


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