¡Entiéndanlo!: los derechos de los trabajadores son irrenunciables. No vaya a ser que despierten la bronca de los humildes. Allí sí, no habrá poder mediático capaz de contener el descontento popular.

El numeral 2 del artículo 325 de nuestra Constitución manda en forma imperativa que los derechos de los trabajadores son irrenunciables e intangibles. Será nula toda estipulación o imposición que amenace, restrinja o afecte a la irrenunciabilidad e intangibilidad de esas garantías. En un Estado de Derechos y de Justicia, basta la invocación de esta norma constitucional a favor de los trabajadores para que no surta efecto ninguna afectación. Pero la globalización de la macro economía en beneficio del gran capital, cuyas directrices emergen del Departamento del Tesoro, manejado por la banca privada del imperio, pretende imponer el injusto recetario neoliberal del FMI y con ello afectar los derechos de los trabajadores.

Prolongar el período de prueba de tres meses a tres años es la eliminación de la estabilidad laboral y las bonificaciones por cesación y despido. Imponer jornadas de 12 horas por simple conveniencia patronal, significa la negación de la lucha heroica a precio de la vida de los pioneros que murieron para que la clase obrera conquiste su derecho a la jornada mundial de las ocho horas diarias. Nada de horas extras ni suplementarias, nada de recargos por jornadas ni contratos especiales. Las remuneraciones responderán al resultado de los balances patronales, que por lo visto serán siempre a la baja, con la doble contabilidad que aprobó “ésa gente” y su gallada. Por la misma razón, adiós utilidades. De eso ni hablar. Y los “dirigentes” se sientan a esa terrible mesa de negación y despojo de derechos. Lo que hace un plato de lentejas.

La misión del Fondo que llegó para asesorar, llámese imponer, la consumación de la flexibilización laboral, considera que se necesita una reforma de la Constitución de Montecristi, para pisotear las irrenunciables garantías de los trabajadores. En armonía con estos antojos, salió en pantalla el máximo vocero de las Cámaras de la Producción a santificar las perversas medidas antiobreras, con el peregrino criterio que dizqué es para garantizar la inversión extranjera y la producción nacional. Prefirieron importar todo, levantaron aranceles que protegían la industria y artesanía nacionales, destruyeron la estructura productiva que generó riqueza para todos los sectores, con un salario y condiciones dignas para los asalariados, despidieron a servidores públicos por miles, regalaron impuestos a los empresarios y se aprestan a cumplir las condiciones leoninas de los chulqueros extranjeros que por donde han ido han dejado la triste secuela de pobreza, miseria e inequidad. Para acabar de jod…, digo de fregarnos, agréguese las concesiones y privatizaciones, más el incremento de los servicios públicos y los combustibles.

¡Entiéndanlo!: los derechos de los trabajadores son irrenunciables. No vaya a ser que despierten la bronca de los humildes. Allí sí, no habrá poder mediático capaz de contener el descontento popular.

Apostemos por nuestra vibrante economía popular y solidaria. Ésa sí es Patria con músculo generoso y productivo, generador de puestos de trabajo. (O) Juan Cárdenas


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