La particularidad de estos préstamos es que se produce una cesión de soberanía: la política económica pasa a estar decidida en última instancia por el organismo. El país se queda sin autonomía para decidir sobre elementos importantes de la política económica y financiera.

No parece casualidad que se haya incrementado la presencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) en América Latina a partir de la nueva “oleada” de gobiernos de derecha o neoconservadores en la región. A los últimos acuerdos con Argentina, el organismo controlado por los EE.UU. acaba de sumar uno con Ecuador. Hay quienes piensan que nada puede salir mal cuando los organismos internacionales de crédito toman el control de las finanzas de un país. Veamos.

Nunca estamos seguros en que proporción se ordenan las causas de este acercamiento. Quizá una parte de cada una de estas esté presente, con diferentes matices en cada país y también puede ser que se nos dificulte determinar que es causa y qué es efecto. Alguna parte se debe a la sintonía ideológica de los gobernantes (elegidos por el voto en algunos casos) con las ideas del libre mercado y la libre circulación de capitales financieros; otra a la creciente influencia de EEUU; algo también a la debilidad de los gobiernos frente a la influencia de sus poderes fácticos -principalmente la banca y las empresas exportadoras-; no dejaría de tener en cuenta cierta “debilidad cultural” de sectores más tradicionales o aristocráticos que han sido educados para admirar lo extranjero y denigrar lo local. A estos últimos en Argentina nos gusta llamarlos “tilingos” o como los llamó Arturo Jauretche, cipayos”.

En este país, desde que Mauricio Macri volvió a firmar con el Fondo las cosas no pararon de empeorar. Los salarios han quedado muy retrasados respecto de la inflación, las tasas de interés que deben pagar los empresarios para financiar la producción son usurarias y los servicios públicos, la energía y las comunicaciones al estar atadas al precio del dólar no han dejado de aumentar de subir.

La inflación de 2018 fue del 47,6% y para este año ya se pronostica que estará entre 42 y 45%. El salario real perdió alrededor del 9% de capacidad de compra en un año. La recesión es galopante y aumenta la desocupación: se perdieron 250 mil puestos de trabajo en los últimos 12 meses (2% menos) y las estimaciones más conservadoras hablan de que llegará al 12% este año.

Las ventas en los supermercados cayeron 12% en el último año y las de los centros comerciales 17% en igual período. Las cifras en el crecimiento de la pobreza son escalofriantes, pero no hace falta conocerlas, solo ver lo que sucede en las calles de las ciudades basta para saber que estamos muy mal.

Los condicionamientos

El problema de los acuerdos de financiamiento con el FMI, generalmente, no son los intereses sobre el capital involucrados en la maniobra financiera. Lo central son las condiciones que el país debe aceptar para acceder a ese dinero. Los gobernantes lo saben, por eso nunca se recurre al FMI en primera instancia. Y el pueblo también lo sabe, por eso cuando un gobierno comienza a hablar de un acuerdo con el FMI la lectura es clara: estamos en problemas.

La particularidad de estos préstamos es que se produce una cesión de soberanía: la política económica pasa a estar decidida en última instancia por el organismo. El país se queda sin autonomía para decidir sobre elementos importantes de la política económica y financiera como el tipo de cambio, la moneda y las tasas de interés.

Adicionalmente, y no menos importante, el FMI se mete en cuestiones de fondo y obliga a realizar reformas estructurales, como la flexibilización de la legislación laboral, la reducción de impuestos a las grandes empresas y los cambios en el sistema de jubilaciones. En años anteriores han obligado a realizar privatizaciones de empresas públicas de servicios, bancos estatales y recursos energéticos estratégicos. Eso es el Fondo Monetario Internacional.

Hablando de historia reciente

La Argentina vivió muchos años dependiendo del FMI desde el regreso de la democracia en 1983. Las periódicas “misiones” del Fondo para auditar las cuentas del país fueron parte del escenario político desde finales de 1984 y hasta enero de 2003, en ese período ningún gobierno pudo, quiso o supo esquivarlo.

Mauricio Macri volvió a recurrir a este prestamista que volvió a pisar el país en 2017. Pero entre Eduardo Duhalde y Mauricio Macri hubo tres gobiernos consecutivos que evitaron hacerlo: el de Néstor Kirchner (2003-2007) y los dos de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011 y 2011-2015).

Los argentinos y argentinas tenemos buena memoria, pero esos 12 años y medio de desaparición del FMI de nuestras vidas dejaron una huella que fue aprovechada por el gobierno de Macri para endeudarnos por varias generaciones.

Nos habíamos olvidado de lo que era vivir pendientes del riesgo país o de los perdones del Fondo. Eso se puede ver en el spot de la campaña de Cristina Fernández de 2017 que ilustra esta nota. En otras circunstancias el pueblo no hubiera permitido rifar de esta manera el futuro del país. (O)

@zalet

Mi selección de noticias en Nuzzel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Confirmado.net

Confirmado.net /

 

Etiquetas : ArgentinaEcuadorFMIGONZALO CARBAJAL
A %d blogueros les gusta esto: