Caray, qué no hacen los gringos… y los chinos también. Han creado una tecnología tan pero tan avanzada que supera cualquier imaginación. Todo comenzó cuando el Ecuador le concedió asilo diplomático a Julián Assange, para protegerlo de la real amenaza que se cernía en contra de su integridad y su vida, por haberse atrevido a revelar al mundo las atrocidades de imperio en sus guerras de ocupación, a través de vídeos espeluznantes que mostraban cómo los rangers de la yoni disparaban a mansalva contra escuelas, hospitales, población civil y hasta contra periodistas. A eso le llaman “daños colaterales”, en sus invasiones de saqueo a Afganistán, Irak, Libia, Siria y últimamente se lamen por aplicarle la misma dosis a Venezuela.

Lo curioso de esta pelea tan desigual entre el exterminador Goliat y el digital David, es que de por medio estaba un gato. Sí señores, un gato, cuyo estatus diplomático aún se discute, por cuanto no está muy claro si el mishico también fue objeto de asilo. Lo que sí asegura una y otra vez nuestro embajador en el Reino Unido, es que el gato se paseaba orondo por toda la legación; pero según la momia coctelera, digo el diplomático, le parecía que el felino cumplía por encargo de su amo, sospechosas tareas de espía, de hacker, de metido, por la forma de andar, de mirar, de roncar y ronronear. Como que Assange le habría preparado para que cumpla la tarea secreta de doble espía o espía encubierto, por un lado para que se coma los ratones y por otro para que no le deje en paz al pobre embajador.

¿Cómo salir de duras?, ¿cómo conseguir y asegurar la prueba para una nueva acusación, ahora en contra del gato mascota?. No hay constancia de que el gato haya recibido asilo, tampoco se registra de que él también haya recibido la nacionalidad ecuatoriana junto a su dueño. Pobre gato paria, en el limbo y lo peor bajo terribles sospechas. Alguien ha aconsejado al cuerpo diplomático que como el minino tiene 7 vidas, ocupen la una y le hagan la autopsia para descartar si el tremendo periodista investigador podría haberle instalado junto al corazón un dispositivo con cámara y micrófono incluido para cubrir, espiar y mortificar día y noche la vida del embajador y su gente.

Y la cosa no queda allí. La foto de este gato ya famoso se paseó entre las consignas y leyendas de la movilización popular del pasado martes 16 de abril, en contra de Gobierno. Dicen que marcharon más de 20.000 personas; pero ante la minimización oficial, cuándo no, quedemos en 19.999.

Hay el fundado temor de que Julián Assange sea trasladado a Estados Unidos en cumplimiento de su pedido de extradición al Reino Unido. Corre entonces, grave peligro su vida, pues en la Yoni hay pena de muerte y ya sabemos que allá le tienen hambre por haber revelado las travesuras sanguinarias del más grande provocador de guerras de depredación del planeta y a la vez el mayor fabricante de armas del planeta. Negocio redondo el de la industria de la muerte. (O) Juan Cárdenas


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