Ha sucedido. Se había especulado a menudo con ello y, finalmente, las autoridades ecuatorianas abrieron las puertas de su Embajada a la Policía británica y Julian Assange fue detenido. Se trata de una burla del estado de derecho y un ataque frontal contra la libertad de prensa y opinión y la libertad de los periodistas para publicar verdades incómodas.

Nadie puede creer seriamente que los británicos han hecho el esfuerzo millonario de vigilar durante años la Embajada solamente para ejecutar una orden de arresto del año 2012. Porque no hay nada contra Assange, excepto el hecho de que el fundador de WikiLeaks infringió en 2012 la orden de presentarse ante la Policía en el marco de su libertad condicional.

Todo ello encuentra explicación solo dentro de un marco más grande: los británicos prestan un servicio administrativo a sus amigos estadounidenses, ya que Estados Unidos solicitarán la extradición y Londres la concederá.

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