Bernie Sanders (Elle.com)

Luis Rivas

París, 25 feb (Sputnik).- Bernie Sanders ya está de nuevo en campaña para luchar en las primarias del Partido Demócrata. Sus propuestas en asuntos domésticos son de sobra conocidas, pero su ambigüedad en la política exterior podría restarle apoyos.

Los periodistas no pueden dejar de pasar la ocasión y Bernie Sanders debería saberlo. Donald Trump había lanzado duros ataques a Venezuela, Nicaragua y Cuba desde Florida. El presidente norteamericano no ocultaba su apoyo, no solo verbal, a Juan Guaidó en su pugna con Nicolás Maduro. Sanders estaba obligado a responder sobre el caso tras el anuncio de su candidatura. Y ahí empezó la zozobra.

Para el senador de Vermont y principal figura de la izquierda norteamericana, “hay serias dudas sobre la victoria electoral de Nicolás Maduro; mucha gente cree que fue fraudulenta”. Preguntado si reconocía a Guaidó como presidente de Venezuela, respondió con un simple “no”, y subrayó que Estados Unidos no debería intervenir de ningún modo en ese país, “como hizo en el pasado tantas veces en América Latina”

En Florida será difícil obtener apoyos después de esas declaraciones. El Partido Demócrata local no tardó en precisar la postura oficial de la organización en ese Estado: “Reconocemos a Guaidó y denunciamos la legitimidad de Maduro”. La congresista demócrata por Florida y exministra de Bill Clinton, Dona Shalala, tuiteó para marcar su diferencia de opinión con Sanders y manifestó que, por declaraciones como esas, no obtendría la nominación demócrata.

A Sanders se le reprochó hace cuatro años su desinterés o incluso desconocimiento sobre asuntos internacionales. Es cierto que él se mueve mucho mejor en la explicación de su política interna, pero esta vez no podrá escapar a ser interrogado sobre problemas más allá de sus fronteras. En ese sentido, ese “eje del mal” nombrado por Trump (Venezuela, Nicaragua, Cuba) le reporta ya dolores de cabeza.

Sus enemigos dentro del PD y sus rivales republicanos no han tardado en sacar a relucir su admiración por la Revolución Sandinista y las relaciones con Managua que puso en marcha como alcalde de la ciudad de Burlington. Con respecto a Cuba, Sanders ha resaltado los avances en materia de salud y educación, mientras tachaba al gobierno de La Habana como “autoritario y antidemocrático”.

Sanders va a ser, como ningún otro candidato, objeto de búsqueda en archivos y videotecas por sus declaraciones y actitudes en el pasado y su “adaptación” a la actualidad internacional. Bernie Sanders no puede borrar su imagen de activista comprometido con todas las causas que la izquierda de América Latina abrazó en los años 60, 70 y 80, ni su denuncia de la política exterior de Washington en esa época. Muchos le reprochan que precisamente se haya quedado estancado en esos años.

Dentro del Partido Demócrata, con ese bagaje se puede llegar a ser Senador o incluso alcalde de Nueva York, como Bill de Blasio, pero alcanzar la presidencia del país y la jefatura de las fuerzas armadas puede ser más complicado.

CRÍTICAS A SAUDÍES Y A NETANYAHU

Las dificultades de Sanders para articular un discurso claro sobre política exterior no se circunscriben solo a América Latina. Sus partidarios y la prensa liberal que le apoyar- de momento – resaltaron como un hito político su propuesta de cesar el sostén a Arabia Saudí por la guerra que Riad emprendió en Yemen. Sin salir de Oriente Medio, Sanders coincidió con Trump en la idea de repatriar a los soldados norteamericanos si se confirma la derrota del autodenominado Estado Islámico (prohibido en Rusia).

Un asunto mucho más espinoso y delicado para las aspiraciones de Sanders es su postura sobre el conflicto palestino-israelí. Sanders se ha visto siempre obligado a recordar que él, judío descendiente de familiares exterminados por el nazismo, es 100% pro-Israel, partidario de su derecho a la autodefensa, contrario al boicot hacia ese país y adepto a la fórmula de “dos estados”.

Sus adversarios le critican haber moderado su postura en este asunto y le recuerdan sus declaraciones durante el conflicto en Gaza en 2014, época en la que llegó a pedir el cese de la ayuda norteamericana a Israel. Sanders ha salido al paso de las invectivas de unos y otros declarando que “oponerse a las medidas reaccionarias de Benjamin Netnayahu no le convierte en un activista anti-Israel”.

CONTRA ORBAN Y PUTIN

En sus pocos discursos específicos sobre política exterior, Sanders ha proclamado que “la libertad, la justicia y la democracia deben imponerse a los regímenes no democráticos y represivos donde se practica la tortura, la prisión y la negación de los derechos básicos de los ciudadanos”. En la misma línea, afirma que actualmente “vemos un creciente movimiento mundial hacia el autoritarismo, la oligarquía y la cleptocracia”.

Bernie Sanders define también a su particular “eje del mal”, en el que reúne a Jair Bolsonaro, Viktor Orban o Vladímir Putin. Pero para hacerle frente, el senador y aspirante a presidir Estados Unidos piensa que su país debe “dejar de ser dominante en el escenario mundial” y centrar su política internacional en colaboración con Naciones Unidas. “Diálogo y paz”, cita como su política exterior ideal.

Bellas palabras que pocos saben definir en la práctica, lo que unido a la ambigüedad general sobre su visión internacional puede convertirse en el pasatiempo más interesante para la prensa en general y sus enemigos internos en particular. Esos rivales demócratas obvian de momento el debate sobre política exterior y se centran en hacerse conocidos robando a Sanders sus “ideas revolucionarias” para la campaña de 2016: sistema de sanidad universal, impuestos para los más ricos, enseñanza gratuita…

Algunos de sus adversarios para las primarias del Partido Demócrata se han apresurado a distanciarse de Sanders afirmando que “no son socialistas”. Otros destilan sibilinamente que un candidato masculino, blanco y anciano (77 años) no es la mejor opción para ganar la presidencia. Bernie Sanders replica diciendo que el color de la piel, el sexo o la edad deberían ser elementos menos importantes que la capacidad. Las encuestas, de momento le dan la razón. El favorito en la carrera para las primarias demócratas es Joe Biden, otro hombre, anciano (76 años) y blanco. Pero, a diferencia de Sanders, con experiencia en relaciones internacionales, aunque, eso sí, considerado ‘centrista’.

Confirmado.net / Sputnik

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