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El invaluable aporte de Zhu Xi, vigente en el pensamiento filosófico

Un aporte enorme para la academia es sin duda el trabajo realizado por científicos chinos que han establecido una base de datos que recopila la doctrina del filósofo Zhu Xi, considerado el padre de la Escuela Neoconfuciana.

La obra de este ideólogo, filósofo y educador, es recogida en más de 10.000 libros, grabaciones sonoras y de vídeo, revistas y tesis académicas y se prevé completarla en un trabajo que tomará unos cinco años, ha informado la Academia Zhuzi de China, autora del proyecto.

¿Pero quién fue Zhu Xi y en qué radica la importancia de su pensamiento?

Xi nació en 1130 en el sureste, actual provincia de Fujian, durante la dinastía Song del Sur (1127-1279). Hijo de un funcionario de provincias, Zhu llegó a ocupar un cargo público a los 18 años de edad en la administración imperial Song como secretario en Tung-an, localidad situada en su provincia natal, cargo que ejerció entre 1151 y 1158.

Se conoce que durante este período su trabajo se centró en la gestión de los asuntos locales y se preocupó de mejorar servicios como la escuela y la biblioteca.

Después de desempeñar este puesto burocrático no volvió en dos décadas al servicio público, tiempo en el cual se dedicó a formarse intelectualmente.

En su formación cultivó las enseñanzas impartidas por maestros escolásticos más prestigiosos del siglo anterior como Zhou Dunyi (1017-1073), Zhang Zai (Chang-tsai, 1020-1077) y Cheng Yi (1033-1107), cuyos trabajos recopiló y que sirvieron de base para la arquitectura de su doctrina, en las enseñanzas de Confucio.

Tiempo después fue designado prefecto en Nanchang (provincia de Jiangxi), donde una de sus principales contribuciones fue la rehabilitación de la Academia de la “Cueva del Ciervo Blanco”, que databa de la época Tang, una de las cuatro más importantes de la antigua China.

Zhu Xi también tuvo influencia en Japón y en Corea, donde su filosofía es conocida como Jujahak.

Junto con otros eruditos codificó lo que ahora es conocido como el canon confuciano de textos clásicos: los Cuatro Libros: el Gran Saber, la Doctrina de la medianía, las Analectas de Confucio, y el Libro de Mencio y los Cinco Clásicos.

Además construyó una interpretación ortodoxa confuciana de algunas creencias del Taoísmo y el Budismo.

El qi y el li

Zhu Xi aseguraba que todo es producto de dos elementos universales: el “qi” o fuerza vital y el “li” o principio racional. La fuente y suma del li es el Taiji o principio generador de todas las cosas que, de acuerdo con sus ideas, causa que el qi se mueva y cambie en el mundo físico, dando como resultado la división del mundo en dos modos de energía (yin y yang) y el posterior surgimiento de los Cinco Elementos (fuego, tierra, metal, agua y madera).

El qi y el li operan juntos en una relación de dependencia mutua. Cuando su actividad es rápida se genera energía yang, y cuando es lenta, se genera energía yin. El yang y el yin interactúan constantemente.

Por su intolerancia hacia las prácticas corruptas e incompetentes se ganó enemigos que le apartaron de la actividad pública. No obstante su prestigio se mantuvo intacto y después de su muerte su doctrina fue incorporada al programa oficial del sistema de exámenes, en tiempos de la dinastía Yuan (principios del siglo XIV).

Zhu Xi practicaba una forma de meditación similar, pero no igual, al dhyana budista. Su meditación, por naturaleza era confuciana y se caracterizaba por una introspección que ayudaba a balancear varios aspectos de la personalidad.

Aunque su doctrina era considerada elitista, Zhu creó una institución intermedia entre la familia y el Estado, llamada Xiangyue (pacto comunitario), que procuraba un medio ambiente propicio para que cada individuo alcanzase la perfección.

Tras su muerte, sus teorías lo hicieron merecedor del rango de gran filósofo y su memoria fue objeto de veneración generalizada desde 1241, cuando se decretó colocar sus restos mortales en el templo de Confucio.

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