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El candidato presidencial de la derecha brasileña ha decidido no hablar de economía en su campaña, prefirió sincerarse y admitir que no entiende nada del tema. Sin embargo, tampoco dejó que su equipo económico contara el plan previsto, como parte de un recurso de campaña. Su sinceridad enternece a quien lo escucha, lo hace cómplice, es uno más. Pero lo que se esconde detrás es un proyecto económico completamente antipopular.

El perfil de Bolsonaro fue varias veces relacionado con Donald Trump debido a su forma de ‘romper el molde’, de salir de lo que se considera políticamente correcto. Esta forma refleja, supuestamente, una imagen de impredecibilidad que no sería adecuada para los asuntos económicos. Por oposición, desde el punto de vista económico, su plan puede compararse con el de Augusto Pinochet, nada fuera del molde, todo dentro del modelo económico liberal.

Paulo Guedes será, de ganar la presidencia de Brasil Bolsonaro, el superministro de Economía. Su formación en la escuela de Chicago junto a Milton Friedman lo referencia con los Chicago Boys que armaron el plan económico de Pinochet y condujeron la cartera económica de Argentina a la crisis de 2001 de la mano de Domingo Cavallo. Alejado de la política pública, Guedes se enriqueció gracias a la especulación financiera, creó el Banco de Pactual y fundó un think tank, Millenium, que promueve ideas liberales. Es socio de Bozano Investimentos y docente universitario.

Guedes es el personaje que garantiza al establishment económico las medidas necesarias para el progreso de sus negocios. De esta forma se explica la reacción al alza de la bolsa de valores de Brasil el día después de la primera vuelta electoral en la que Bolsonaro obtuvo una buena diferencia a su favor.

Sin embargo, contrario al perfil de restablecer el orden y de lucha anticorrupción que muestra Bolsonaro con su nacionalismo militar, Guedes está siendo investigado por el Ministerio Público Federal de Brasil por un caso de fraude. La investigación busca saber si Guedes captó, al frente del fondo de inversión, recursos fraudulentos de fondos de pensión ligados a empresas públicas[1].

El ladrillo de Bolsonaro

El plan económico diagramado para Bolsonaro[2] consiste en reducir a cero la deuda del estado en 2019. Con la ayuda de un proyecto económico que ya empezó Michel Temer, reduciendo el gasto social y cortando al mínimo el gasto del Estado, Bolsonaro planea cerrar el déficit vendiendo todas las empresas del estado que sean necesarias. Incluso se atreve a ir más allá que Pinochet y sus Chicago Boys, y acepta la posibilidad de privatizar Petrobras y el Banco de Brasil.

En este marco de reducción de gastos e inversiones es que el posible ‘superministro’ tendrá a cargo también los ministerios de Hacienda, Planeamiento, Industria y Comercio que se convertirían en secretarías.

Desde el punto de vista macroeconómico, se asumirá un tipo de cambio flexible, con un control estricto de metas de inflación ejercido por un Banco Central independiente y metas fiscales. Se establece como prioridad el crecimiento económico y, por supuesto, la generación de empleos. Sin embargo, al mismo tiempo se plantea la apertura comercial mediante la reducción de alícuotas a la importación y barreras tarifarias.

Una de sus propuestas, resistida fuertemente en Brasil, consiste en crear fondos de pensión de capitalización individual similares a las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) eliminados en Argentina y las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) que tanta resistencia generan actualmente en Chile. La propuesta sería que convivan el sistema de capitalización privada y el público.

Con una lógica amiga del empresariado y de atracción de inversiones pretende reducir los impuestos al mínimo posible, igualando el impuesto a la renta para toda la población. Esta política resultará sumamente regresiva, empeorando relativamente las condiciones de quienes menos ingresos reciben ante los que más lo hacen.

Contrariamente a su política de reducción de gastos, y en coincidencia con las propuestas de Haddad, plantea la ‘modernización’ de los programas de Bolsa Familia y bono salarial, garantizando una renta mínima a cada habitante de Brasil. También planea crear una nueva cartera laboral que permita elegir entre un régimen flexible de contratación o uno que privilegie los derechos constitucionales laborales. Propone, también, permitir la elección de sindicatos que ‘democraticen’ el sistema o bien, sin mencionarlo, debilitarlos mediante la competencia y la eliminación de la cuota sindical.

Al igual que Haddad, también considera fundamental el aumento de la productividad, la inversión en nuevas tecnologías y adecuación de la formación de los trabajadores para que se adapten mejor ante la cuarta revolución industrial.

En términos de infraestructura, la energía será uno de los principales vectores de desarrollo y se modernizará la estructura de puertos.

El precio del petróleo se igualará a nivel internacional en primera instancia y las fluctuaciones de corto plazo se suavizarán con ‘mecanismos apropiados’. Buscará la competencia en el mercado del gas terminando con el monopolio de Petrobras, medida que resulta coherente si se considera la privatización de la principal empresa estatal.

La política exterior de Bolsonaro no se explaya en su programa de Gobierno más allá de mencionar la búsqueda de acuerdos bilaterales. Sin embargo, esta propuesta permite afirmar su idea de terminar con los acuerdos del Mercosur que prohíben este tipo de acuerdos.

Como puede verse, las propuestas de Bolsonaro no se alejan de aquéllas de los gobiernos de la derecha a nivel regional. Estas políticas pudieron aplicarse eficientemente en Chile, bajo una dictadura militar, un clima de represión que no permitía la movilización social y la expresión política disidente. El resultado fue una sociedad fuertemente desigual, dependiente de las inversiones extranjeras para el crecimiento económico. Las mismas políticas se intentaron llevar adelante en Argentina, primero en dictadura y luego en democracia, tanto durante la década del ’90 con los Chicago Boys como actualmente con “el mejor equipo de los últimos 50 años”. El resultado fue en ambas una fuerte movilización social ante el fracaso del programa económico que generó desindustrialización, recesión, pérdida de puestos de trabajo y pobreza.

[1] http://www.ambito.com/936192-el-elegido-de-bolsonaro-para-manejar-la-economia-bajo-la-mira-de-la-fiscalia-de-brasil-por-corrupcion

[2] http://flaviobolsonaro.com/PLANO_DE_GOVERNO_JAIR_BOLSONARO_2018.pdf

Licenciada en Economía por Universidad de Buenos Aires.

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Etiquetas : BOLSONAROBRASILELECCIONES 28 DE OCTUBREGUEDESHaddad.