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La canonización de Monseñor Óscar Arnulfo Romero este domingo 14 de octubre en el Vaticano es una poderosa señal del Papa Francisco sobre el modelo de pastor que quiere para la Iglesia católica. El arzobispo de San Salvador, asesinado a manos de los escuadrones de la muerte del gobierno militar el domingo 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba la misa, murió por lo que predicó.

Expertos y cercanos al mártir reconocen a DW que Romero (1917-1980) fue una figura incómoda para muchos en su país y en la Iglesia, también tras su muerte. El proceso de beatificación, al que se oponían algunos sectores políticos, económicos e incluso eclesiásticos , estuvo largamente trabado, hasta que el argentino Jorge Bergoglio, recién elegido Papa, lo desbloqueó.

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