David Torres *

El 12 de octubre, como cada año, se produce una especie de cortocircuito festivo donde varias efemérides juntas confluyen en la Castellana, la avenida anteriormente conocida como del Generalísimo. Suele ocurrir cuando vives en una nación tan antigua que rascas debajo de la chapa y te encuentras con un auto de fe o un puente romano.

Por ejemplo, a esta festividad, hasta no hace mucho, se la denominaba Día de la Raza, una etiqueta que no acaba de quedar clara cuando se distinguen entre el gentío pinceladas quechuas, marroquíes, mayas, subsaharianas e incluso algún gitano. Una de las pocas cosas que une al público en esas ocasiones, incluyendo inmigrantes africanos, es la indiferencia al contemplar las acrobacias aéreas y el entusiasmo general ante el tronío marcial de la cabra. Por lo demás, que el Día de la Hispanidad se celebre con un desfile militar por todo lo alto da una idea de por dónde van los tiros. Y de por dónde fueron.

Se ha comentado infinidad de veces, y desde multitud de ángulos, cómo pudo ser aquel brusco choque de civilizaciones que tuvo lugar el 12 de octubre de 1492, cuando Colón y sus hombres desembarcaron en la costa de Guanahaní, una isla de las Antillas. Probablemente el contacto ni fue tan benéfico como pregonan unos, ni tan nocivo como denuncian otros, sino una sanguinaria y compleja brutalidad histórica, como la guerra de las Galias o las matanzas de hindúes durante el dominio musulmán. Tampoco la conquista del Oeste fue tan bucólica como la cuentan en La casa de la pradera. En cualquier caso, celebrarlo a base de tanques y legionarios marcando el paso no parece muy acertado.

El momento exacto de la colisión entre un mundo y otro conoce, al menos, dos excelsas representaciones artísticas. Una, en tono de comedia, es el maravilloso anacronismo de las tres carabelas plantadas en medio del mar tenebroso, en uno de los capítulos de El otoño del patriarca, cuando le anuncian al general que acaban de llegar a la costa unas gentes muy raras que van vestidas como la sota de bastos. El otro es el impresionante desenlace de Apocalypto, de Mel Gibson, cuando una trifulca local entre indígenas se detiene ante una playa, hipnotizada ante la llegada de una barca con varios inmigrantes ilegales, incluyendo una delegación de la conferencia episcopal y otra de Intereconomía.

Del otro lado de la Hispanidad (lo que podría haberse llamado la Portuguesidad o también Galicia Irredenta), los brasileños están a punto de celebrar el 12 de octubre a su modo, eligiendo a un presidente que defiende la tortura y la pena de muerte, que piensa que los negros no sirven ni para procrear, que la homosexualidad es mayoritariamente culpa de las drogas y que le dijo a una periodista que era tan fea que no merecía que la violaran. Este domingo Bolsonaro va a descubrir Brasil y Brasil va a descubrir a Bolsonaro. Que un enorme porcentaje de negros, pobres, homosexuales y mujeres vayan a votar en masa a este botarate es algo que ya hemos visto bastantes veces en los últimos años como para sorprendernos, aunque no para dejar de asustarnos. García Márquez podía haber resumido a Bolsonaro en un párrafo y habríamos pensado que era realismo mágico. Kafka advirtió: “Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula”.

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*Escritor español. Columnista habitual del diario Público.es. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, ganó su primer premio en 1999 (con Nanga Parbat) tras publicar diversos relatos y poemas en las revistas Cartographica, Poeta de Cabra y Ariadna, el título más traducido de Ediciones Desnivel, con versiones en francés, polaco e italiano. En Público.es, 12.10.2018

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Anexo:

Hasta Le Pen critica a Bolsonaro

Página12, Argentina

La francesa cuestionó sus “dichos extremadamente desagradables”

“Bolsonaro dice cosas extremadamente desagradables”. La frase no pertenece al candidato del Partido de los Trabajadores Fernando Haddad ni tampoco a los organismos de derechos humanos brasileros que advierten sobre la nueva ola fascista que se puede desatar en Brasil con la victoria en segunda vuelta del candidato del Partido Social Liberal. Lo dijo la líder de la extrema derecha en Francia, Marine Le Pen, quien opinó sobre el ascenso del ex capitán.

Diferenciándose del festejo del ultraderechista italiano Matteo Salvini, la presidenta del partido Reunión Nacional resaltó que la “criminalidad endémica” catapultó a Bolsonaro a la cima de los comicios, al explicar que sus fotos responden a una “reacción” de la población a la “inseguridad”. Sin embargo, tuvo duras críticas hacia las declaraciones de Bolsonaro contra los homosexuales y las mujeres.

“Ciertamente él ha dicho cosas que son extremadamente desagradables, que no pueden transferirse a nuestro país, es una cultura diferente”, afirmó Le Pen. “De todos modos, desde el momento en que alguien dice cosas desagradables, pasa a ser de extrema derecha en la prensa francesa”, se quejó. “Yo no veo a Bolsonaro como un candidato de extrema derecha”, añadió.

De todas formas, subrayó que los pueblos tienen “diferentes historias y culturas”. “¿Todavía estamos tratando de juzgar lo que está sucediendo en el exterior con base en nuestra propia cultura y en nuestra propia historia?”, cuestionó.

Con una plataforma anti-inmigración y contra la Unión Europea, Le Pen llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia en 2017, pero acabó derrotada por el centrista liberal Emmanuel Macron, que obtuvo el 66,1 por ciento de los votos frente al al 33,9 de la ultraderechista.

“¡También Brasil cambia! La izquierda derrotada y aire fresco”, había escrito días atrás en Twitter Salvini, que llegó al gobierno tras unirse en coalición al Movimiento Cinco Estrellas y después de que su partido xenófobo, la Liga, superara el 17 por ciento de los votos en las elecciones de marzo.

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