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En los actuales tiempos en que la conflictividad, la incoherencia y la pérdida de valores dominan el panorama mundial, el pensamiento filosófico de Confucio se vuelve imprescindible.

El célebre filósofo chino siempre promovió a través de sus enseñanzas los valores de la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el respeto a las costumbres tradicionales y la justicia social.

Confucio era un fuerte defensor de mediante el ejemplo. Según él, quienes siguieran dichos principios provocarían que otras personas les imitasen y se extendiesen así los citados valores.

Paradójicamente fue en la China del siglo VI a.C., cuando se vivía una gran fragmentación política y una constante tensión bélica, cuando Confucio pudo llevar a cabo a través de la educación la transformación moral de la sociedad.

Conocido en Occidente por su título de respeto, derivado de Kong Fu Zi (Kong, el Sabio), su verdadero nombre era Kong Zi. Filósofo, teórico social y fundador de un sistema ético, vivió en la China feudal de hace 2.500 años -entre el 551 y el 479 a.C.-.

Su pensamiento fue introducido en Europa por el jesuita Matteo Ricci (1552-1610), primera persona en latinizar el nombre de Confucio, cuya biografía se pierde entre la realidad y la leyenda.

Su obra y pensamiento procede, fundamentalmente, de testimonios que sus discípulos recopilaron en la obra llamada Lunyu, que llegaría a occidente como Analecta, que recopila su forma de entender el mundo y del proyecto de transformación social que procuró.

Nació en el pueblo de Qufu, en el antiguo reino de Lu -actual provincia de Shandong-, en el seno de una familia de terratenientes descendientes de la familia real de la dinastía Shang (1600-1046 a.C.), el clan de los Kong.

Su padre murió cuando Confucio tenía tres años, a pesar de ello, recibió una esmerada educación hasta que su madre falleció cuando él contaba con 17 años de edad, lo que le llevó a pasar una adolescencia llena de penurias.

Con 20 años, trabajó en graneros estatales y como pastor mientras compaginaba sus estudios, hábito que no le abandonaría en toda su vida.

De adulto trabajó para la administración del Estado de Lu como educador y político y a los 52 años alcanzó el cargo de Ministro de Justicia. Durante este periodo, Confucio estableció una administración caracterizada por su imparcialidad y por la práctica erradicación del crimen.

Sin embargo, dimitió del cargo años más tarde, ya que no estaba de acuerdo con la política que seguía el príncipe, y se dedicó en pleno a la enseñanza. Así, empezó su largo peregrinaje didáctico y pronto se propagó por el reino de Lu y luego a toda China su labor.

Confucio lamentaba en aquellos tiempos la ausencia de modelos morales y por ello concluyó que el único remedio era difundir los preceptos de los sabios de la antigüedad.

Propugnó el gran valor del poder del buen ejemplo. “Los gobernantes solo pueden ser grandes si llevan vidas ejemplares y se guían por principios morales”, decía.

Sus consejos políticos sobre cómo mejorar el gobierno de la nación fueron ignorados, por lo que, a los 60 años y decepcionado, acabó refugiándose en la enseñanza de política, música, tiro con arco, auriga, caligrafía y matemáticas con el propósito de promover una enseñanza completa.

Según historiadores tuvo más de tres mil discípulos, de los cuales 72 destacaron y replicaron sus memorias en un libro que ha pasado a la historia como Las analectas.

Para Confucio, la virtud suprema era rén, concepto que se traduce por “bondad, benevolencia, humanidad”, pero en esencia significa “razonable dedicación a los demás”. Por extensión, el significado oculto de rén es el de “amor”.

El confucianismo, en sí, es una filosofía que nunca pretendió ser una religión, aunque fue de este modo como se propagó. Confucio creía que el Estado debía servir al pueblo, por lo que los gobernantes tenían que cumplir las cinco virtudes confucianas: benevolencia, rectitud, decoro, sabiduría y responsabilidad.

Resurgimiento del confucianismo

En la época actual, el confucianismo está experimentando un resurgimiento debido a que los sectores conservadores chinos reclaman una vuelta a los valores de respeto, generosidad y amor filial, en peligro por el acelerado cambio social y económico, las modas occidentales, el materialismo, las nuevas tecnologías, el estrés laboral y el consumo desmesurado, destaca una publicación de José Vicente Castello, del Club de Lectores del Instituto Confucio.

Desde 1989 se celebran en toda China ceremonias para conmemorar el nacimiento del filósofo, mientras que en 1994, fecha en el que se celebró su 2.545 aniversario, el entonces presidente de China, Jiang Zemin, alabó la contribución de Confucio a la sociedad.

Sanderson Beck, creador de la página web www.san.beck.org, considera que las erudiciones del filósofo chino “ejercerán una influencia cada vez mayor en este siglo y será reconocido en todo el mundo como uno de los grandes filósofos éticos de la humanidad”.

Institutos Confucio

Inspirados en el pensamiento del sabio chino, los Institutos Confucio, organizaciones educacionales sin ánimo de lucro, han sido creados para la enseñanza del idioma chino en estudiantes repartidos por todo el mundo.

Su fin es intensificar la comprensión global de la cultura y el idioma chino, fortalecer el intercambio educacional y cultural entre China y los demás países, profundizar en las relaciones con las demás naciones, y promover el desarrollo multicultural con el propósito de construir un mundo armonioso.

Después de abrir un instituto piloto en Tashkent (Uzbekistán) en junio de 2004, el primer Instituto Confucio oficial se inauguró el 21 de noviembre de 2004 en Seúl (República de Corea). Tras este, un gran número de centros han abierto sus puertas en multitud de países, tales como Estados Unidos, Alemania, España, Kenia, Argentina, Cuba, Chile y otros lugares donde el idioma chino está ganando popularidad.

La meta para 2020 es alcanzar la cifra de mil centros docentes Confucio en el mundo.

Las analectas, que significa literalmente “discusión sobre [el significado de] las palabras”) recogen una serie de charlas que Confucio dio a sus discípulos. En Las analectas, los capítulos están agrupados por temas individuales y no siguen ningún orden especial, por lo que parece que el libro no fue escrito por un único autor sino por varios discípulos.

Algunas citas de Las Analectas:

“En un país bien gobernado, la pobreza es algo que avergüenza. En un país mal gobernado, la riqueza es algo que avergüenza”.

“Cinco son las condiciones necesarias para el bienestar del pueblo: seriedad, honestidad, generosidad, sinceridad y delicadeza”.

“La venganza eterniza los odios”.

“No importa si se avanza poco; lo importante es no parar”.

La virtud no nació para vivir sola. Quien la practica termina rodeado de vecinos”.

“Por tres métodos podemos adquirir la sabiduría: primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero por la experiencia, la más amarga”.

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.

“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla como uno quiera”.

“No he visto todavía a nadie que ame tanto la virtud como se ama la belleza física”.

“Cuando estamos frente a personas dignas, debemos intentar imitarlas. Cuando estamos frente a personas indignas, debemos mirarnos a nosotros mismos y corregir nuestros errores”.

“Nunca des una espada a alguien que no es capaz de sonreír y bailar”.

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