En el Gobierno de la Revolución Ciudadana el Presidente Correa se explayaba para escoger a los más brillantes hombres y mujeres de las diferentes disciplinas de la gestión pública e integrar con semejante selección de lujo, el Gabinete Ministerial. Ejercieron las Secretarías de Estado eminentes economistas, ingenieros civiles, eléctricos y electrónicos, doctos abogados y médicos, estadísticos, académicos docentes, con doctorados y PHD, todos de cuarto nivel de formación, con lo cual acreditaban una ilustrada formación al servicio del país y liderados por el MEJOR PRESIDENTE DEL MUNDO, según la definición de organismos internacionales que justiprecian la talla de estadista progresista y revolucionario de Rafael Correa, que en Diez Años transformó al Ecuador hasta convertirlo en un referente de políticas públicas al servicio del ser humano, sin prevalecencia del capital, superando un neoliberalismo gestor de la más terrible inequidad en la región.

Lo que debía ser la continuación de un proceso político por el que votó la mayoría absoluta de compatriotas, se convirtió en una pesadilla, imposible de imaginar ni en las mentes más pesimistas, comenzando por nombrar un gabinete integrado por un gerente de una transnacional petrolera, como ministro de hidrocarburos; al director de las Cámaras de la Producción, como ministro de finanzas; a un empresario turístico, como ministro de Turismo; a un empresario del agro, como ministro de Agricultura; a un constructor de obras viales contratista del Estado, como ministro de obras públicas. Es decir poniendo al ratón a cuidar el queso.

¿Será por eso que no arranca un mínimo plan de construcciones ofrecidas en campaña?, porque lo que vemos es la inauguración de obras de la Revolución Ciudadana, con la consabida retahíla de críticas y la intención de desprestigiar al régimen de Correa, con el cuento del sobreprecio como falsa acusación de un proceso que es perfectamente entendible y demostrable. Lo explicamos con un ejemplo: Usted destina para construir su casita 50 mil dólares; pero su esposa resuelve aumentar un baño social, una bodega y un jardín, a un costo de 5 mil dólares. ¿Será este valor un sobreprecio? ¡De ninguna manera!, son obras complementarias. Así mismo ocurrió con las extraordinarias obras construidas por la RC, para la salud, educación, vialidad, vivienda, infraestructura, hidroeléctricas, control de inundaciones, puentes, aeropuertos, ECU-911, equipamiento de la Policía y FFAA, etc. Durante el proceso de construcción surgió la necesidad de atender las obras complementarias que no fueron planificadas al inicio, para cuya ejecución se reportaron a los organismos de control, razón por la cual se justificaron oportunamente. Pero la maledicencia define a esas OBRAS COMPLEMENTARIAS como sobreprecio y con ese perverso criterio, levanta el escándalo y el show mediático para seguir con el libreto del odio como la única razón de su vida. (O) – Juan Cárdenas


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