“He vivido los peores cinco meses de mi vida”, dijo Mauricio Macri días atrás, cuando anunció que el país debía volver, por segunda vez desde junio, a negociar un rescate con el FMI. Fue el corolario de una crisis que no sabe cuándo empezó ni cuando termina. Los argentinos pasaron en dos años y medio de creer con optimismo en un futuro mejor al miedo a lo que vendrá. Macri está pagando el precio de sus errores, pero también de sus promesas. La “lluvia de inversiones” nunca llegó, la inflación no bajó y por primera vez en muchos años el valor del peso frente al dólar se coló en las conversaciones diarias.

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