Billy cuenta cómo el viernes antes de quebrar Lehman Brothers llevó una caja a la oficina por si tenía que recoger las cosas de su mesa y los cajones. “Todo se fue de las manos”, recuerda. Tuvo suerte, porque conservó su puesto cuando Barclays se hizo con los restos del difunto banco de inversión, incluido el rascacielos en Times Square. Evita, sin embargo, dar el nombre completo porque firmó un acuerdo de confidencialidad que le impide contar qué pasó.

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