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Por: Roberto Carpio Rubio – Revista Crisis

“América Latina está en disputa”. Así lo sostuvo Alfredo Serrano Mancilla en 2015, y tres años despúes, su premisa se encuentra más vigente que nunca. La disputa por alcanzar el poder, por manejar sus recursos y por controlar sus riquezas podría reducirse a algunas  dicotomías: izquierda frente a derecha, proyectos sociales y politicos caracterizados por la lucha y la organización popular frente a la aplicación de políticas neoliberales, pueblo soberano frente a grupos de interes minoritarios. Mientras el pueblo mira expectante, su contraparte inclina el tablero para favorecerse, mientras la justicia, amenazada por la espalda, se hace de la vista gorda. Y es que, el fenómeno político de moda, en países latinoamericanos es la judicialización de la política a través de la persecución a los representantes de los proyectos políticos progresistas y ciudadanos.

La judicialización de la política es una estrategía orquestada desde afuera y alineada a la derecha internacional. Esta estrategia se ha comenzado a aplicar tanto en países en los que han ganado electoralmente proyectos de derecha y neoliberales – como el caso de Argentina – así como en países en los que ganaron propuestas de continuidad al progresismo que fueron desechadas a posteriori, ya sea a través de un “impeachment” al jefe de Estado –  caso de Brasil – o por la voluntad de pacto y reparto político, como en el caso del Ecuador.

Estos gobiernos en acompañamiento de los poderes fácticos nacionales y de actores externos, se han puesto de acuerdo para desacreditar en medios de comunicación a los personajes políticos que representaron esa fase inicial de transformación y cambio socioeconómico, político y hasta cultural en nuestra región. A partir del descontento de algunos sectores, han logrado controlar la justificia a su antojo y en contra de los personajes más representativos de los proyectos políticos. Ya que ni  política ni electoralmente lograrían vencerlos, no les ha quedado más opción que acabar con la justicia para instrumentalizarla en su favor.

Los poderes fácticos (banca privada, medios de comunicación y sectores comerciales y productivos) presionan por reducir (o destruir) el aparataje estatal, la recaudación tributaria y las políticas redistributivas con el propósito de reconquistar el poder. Los gobiernos de turno empeñan la soberanía frente a tácticas utilizadas por organismos financieros internacionales. La derecha internacional y los gobiernos extranjeros buscan regresarnos a la larga y oscura noche neoliberal, apropiarse de nuestros recursos y patear lejos la escalera de nuestro desarrollo, como lo diría Ha Joon Chang. En resumen, buscan recuperar con intereses todo aquello que por justicia social se redistribuyó.

Brasil, Argentina y Ecuador son los tres países en los que se ha radicalizado la judicialización de la política y en los que la misma se ha vuelto parte de la coyuntura política local. Sus sociedades vieron avances en desarrollo, justicia social y equidad. Pero además son países que cuentan con una gran potencialidad en cuanto a mercados y recursos naturales que pueden ser extraídos a favor del gran capital. Brasil posee el mayor pulmón del planeta y la mayor reserva de agua dulce, además es considerada una potencia económica emergente. Su estatus como uno de los BRICS se debe a que posee el mayor banco de materia biogenética, grandes extensiones de tierra cultivable, recursos agrícolas, minerales y energéticos. Brasil es la octava potencia económica del mundo según los datos del Banco Mundial y la primera economía latinoamericana. Cuenta con un Producto Interno Bruto (PIB) de 2,055.505 billones de dólares. Según el observatorio de complejidad económica del Massachusetts Institue of Technology (MIT) para el 2016, tuvo exportaciones por 191.000 millones de dólares, 21,8%  correspondientes a productos minerales, 19,6% de maquinaria y transporte, 16% de productos de origen vegetal, 13% de productos alimenticios y 7,4% de productos de origen animal.

Por otra parte, Argentina cuenta con una vasta y productiva pampa que se ha posicionado como una de los principales graneros del mundo. Su economía se encuentra en la posición número 21 a nivel mundial, con un PIB de 637.590 billones de dólares. Sus exportaciones para el 2016 fueron de 59.000 millones de dólares, 24% correspondientes a productos alimenticios, 24% a productos de origen vegetal y 15,8% a productos de origen animal. Los mercados brasileros y argentinos junto a sus recursos primarios energéticos y alimentarios, son sin duda alguna el principal atractivo que tienen, y a su vez, lo que los vuelve un blanco estratégico para favorecer los intereses de la derecha internacional. Es por ello que han sido unos cuantos grupos de poder, internos y externos, los que han visto afectados sus intereses y que ahora buscan revanchismo.

Finalmente, el Ecuador, pese a no tener la cantidad de recursos naturales que tienen Brasil o Argentina, cuenta con una amplia diversidad que le otorgan atractivo. Cuenta con producción y reservas petroleras, energía hidroeléctrica y grandes reservas minerales aún no explotadas. El Ecuador es uno de los principales exportadores de productos suntuarios como las rosas, cacao fino de aroma, café de altura y camarones; y de productos de consumo casi cotidiano como el banano y el atún. Además, el Ecuador cuenta con un mercado de 16 millones de habitantes y potenciales consumidores que tienen una economía estable y dolarizada.

Los recursos son muy atractivos, y los modelos y proyectos políticos aplicados desde mediados de los 2000 resultan peligrosos para la consecución de objetivos de los intereses extranjeros. Hay un doble interés: apropiarse de los recursos y frenar a los proyectos sociales y politicos cercanos al progresismo y a cualquier tipo de socialismo. El Ecuador se ha convertido en un escenario de batalla en la disputa por la América Latina y por la Patria Grande, en el grupo de países designados por el imperio para actuar en el campo de la judicialización de la política.

El pueblo debe necesariamente vencer al “lawfare” y a la arremetida neoliberal. Las grandes mayorías han dado por terminada su letargo, y este despertar evocará la formación, organización y la movilización de la población, con una sola finalidad: la integración de los pueblos hermanos de América Latina.

Bibliografía

Massachusetts Institute Of Technology. (13 de 08 de 2018). The Observatory of Economic Complexity. Obtenido de https://atlas.media.mit.edu/es/

Banco Mundial. (13 de 08 de 2018). Datos Banco Mundial. Obtenido de https://datos.bancomundial.org/indicador

Confirmado.net / REVISTA CRISIS


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