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Estudio de Hemingway en Finca Vigía, Cuba.

«Pero, esta vez, escribió acerca de la piedad: acerca de algo, en alguna parte, que los hacía a todos: al viejo que tenía que atrapar al pez y después perderlo; al pez que debía ser atrapado y después perdido; a los tiburones que debían robarle al viejo su pez: los hizo a todos y los amó a todos y se compadeció de todos», anotó William Faulkner en una reseña sobre El viejo y el mar para la revista Shenandoah.

Para 1952, Ernest Hemingway era visto como un escritor destruido, un creador que ya no tiene nada más que decir. Igual que Santiago, el viejo de su novela, Hemingway «estaba, definitiva y rematadamente salao, que es la peor forma del infortunio».

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Etiquetas : «Un hombre puede ser destruidoErnest Hemingwaypero no derrotado»RAUL VALLEJO CORRAL