@ Pintor cubano Jorge Ríos

El erotismo es una visión particular del ser humano y una parte incuestionable de la conducta humana. Algunos opinan que sin lo erótico la vida sexual quedaría limitada al plano de lo animal. Se denomina deformación del erotismo a un supuesto “machismo” o “feminismo”. Y sus roles pautan las actuaciones intimas del cuerpo. Determinando la obligación de precisar lo erótico al lirismo, a la sutileza o insinuación para evitar convertirse en “máquinas sexuales” que confirman ausencia del erotismo. Y así deslindar, la pornografía de lo erótico como fenómenos aislados. Al ubicarla circunscrita al sexo, clasificándola como sensacionalismo, espejismo sexual, perversión y haciéndose alusión de forma negativa a la explicites del lenguaje. Arrullando el erotismo como un aspecto único del amor. Ciñéndolo a estereotipos de un placer refinado, a veces místico.
La sexualidad es un fenómeno natural e instintivo, el erotismo un referente lirico del sexo, y el amor, el instinto natural primitivo enaltecido a través de los sentimientos.
Sin embargo, erotismo y amor son emanaciones lógicas del sexo. En palabras de Octavio Paz, “El erotismo y el amor son formas derivativas del instinto sexual: cristalizaciones, perversiones y condensaciones que transforman la sexualidad y la vuelven, muchas veces, incognoscible”
Enmarcar erotismo y pornografía, implica una separación cuyos límites son imposibles de distinguir. En la literatura la crítica conservadora ha sublimado el lenguaje erótico y despreciado el pornográfico, tildando este último de soez, e indecente. Pero, erotismo y pornografía son dos formas particulares de la actividad sexual que han sido manipuladas por las sociedades para ejercer cierta represión moralista. Prejuzgando como fenómeno negativo la vinculación entre carne y pecado. Exhortando a la decencia atacando al pudor.
El erotismo en la literatura es una dimensión subjetiva supeditada al lenguaje. El discurso soez no siempre es erótico como tampoco lo es el lirico. Cada quien puede encontrar su erotismo en lugares diferentes. Con imágenes diversas, que despierten y provoquen sus sentidos.
El misterio del erotismo se halla en cualquier particularidad que provoque el deseo. No existe un estándar ni de erotismo ni de pornografía, como tampoco existe en el placer sexual.
La sexualidad en todas sus dimensiones, incluye erotismo y pornografía y es una de las formas de saltar los cánones morales impuestos por las sociedades y las religiones. Es una decodificación del mito moralizador. En su sentido más amplio lleva implícito un acto liberador al mostrar, para algunos, imágenes escandalizadoras.
Considero que no hay distinción entre literatura erótica y pornográfica. Ya que el denominado contenido “obsceno” de la última puede apreciarse dentro de la estética de acuerdo a la estructura y forma. La descripción descarnada y pura de los placeres carnales, es también una forma de erotismo. La suciedad, las escenas escatológicas, confieren un significado que trasciende las posturas formales ante la sexualidad. Hallándose un sentido subversivo, que distingue la literatura femenina, ya sea como búsqueda de una expresión propia o como ruptura de las concepciones patriarcales.
Una literatura erótico pornográfico femenina, es posible con la desmitificación de lo masculino, otorgándole al cuerpo del hombre, el mismo tratamiento que recibe el femenino en la literatura masculina. Donde se describa el placer de la felación, o un jugueteo con el falo que decodifique, el estereotipo en el que se halla enmarcado: machete, tranca, pinga, palo. Mostrando con ello un goce inofensivo, libre y amplio, alejado de la traducción a la que aluden estos objetos. Como también puede hablarse de vulva, describir la masturbación sin el pudor inducido por tradiciones y esquemas morales.
La mujer pretende liberar un cuerpo que durante tanto tiempo fue censurado, desafío al que se ha enfrentado a lo largo de su existencia. Y hoy lo ha conquistado exponiéndose abiertamente con dos herramientas poderosas y vulnerables al mismo tiempo: cuerpo y pensamiento.
En la literatura escrita por hombres, las mujeres usualmente son el foco de erotismo, sin embargo, la femenina tiene un abanico de posibilidades más extenso. Si se tiene en cuenta que la escritura femenina ya el placer no es ineludiblemente vinculado a lo fálico.
La fantasía erótica femenina se abre a numerosas experiencias. Relatadas en las relaciones lésbicas, en las historias de mujeres solitarias, que deciden vivir fuera del convencionalismo de la pareja hombre mujer. Convirtiéndose estas propuestas en un surtidor del que fluyen inagotables imágenes que desatan a la mujer de las viejas ataduras y prohibiciones, que la sociedad patriarcal impuso sobre ellas.
La literatura erótica femenina ha sido estudiada a profundidad. Su prodigalidad permite que hoy se cuente con un gran número de obras firmadas por mujeres.
Algunas teóricas opinan que las “hembras” han creado un lenguaje propio a través de este género. Otras hacen propuestas basando sus teorías en las características del cuerpo femenino. Luce Irigaray propone un isomorfismo entre los genitales (masculinos y femeninos) y los respectivos discursos. Llama la atención sobre el placer autoerótico de la vulva, en la cual “los dos labios que se besan continuamente” hacen que este órgano esté completo, sin necesidad de la intervención del pene. A partir de aquí, argumenta que un discurso alternativo en el cual la voz dominante sea la de la mujer debe emanar de la vulva, no del pene.
Parece que hemos llegado la época dorada del erotismo. Considero que es el resultado del desplome de dogmas religiosos y científicos condicionados a falsos idealismos sociales en nombre de un quimérico sentido de colectividad absolutamente discordante con la sensación de libertad producida por la pincelada de un eros que refuta creativa y cabalmente ser amaestrado.
En cuanto a mi escritura. El erotismo es un elemento liberador del que me apropio, muchas veces, de forma inconsciente. El primer reconocimiento literario fue gracias al cuento Pudor, ganador del concurso nacional Farruluque, en 1999. Del que agradezco sobremanera, la Cena Lezamiana muy bien recibida en plena crisis económica de los noventa. Este relato más tarde, integró la antología “Te con Limón”, compilada y editada por Dulce M. Sotolongo y Amir Valle.
Ese relato se gestó en la Casa de la Cultura de Alamar, mientras observaba a los amigos, moldear el barro entre sus manos. Fantasee con la idea de cómo se sentiría mi cuerpo amasado y creado por un artista. Esa misma idea o fantasía erótica, aparece en otro relato en el que se tuerce un habano, “Hacedora de Seoane”
En mi novela: “Marx y mis maridos”, publicada por Ediciones Unión, el elemento voluptuoso aparece como un rasgo del personaje. Una mujer que disfruta del sexo a plenitud. Como corresponde a una fémina de nuestros tiempos. Para quien asuma una actitud contraria la escritura erótica femenina, es recomendable. Es un buen ejercicio para repensar los roles tradicionales representados por la mujer.

Confirmado.net / Msc. Lourdes de Armas – Escritora. Teóloga

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PAZ, Octavio. 1996, La Llama Doble. Sexo, Erotismo y Amor. Buenos Aires, Argentina, Editorial Seix Barral, P. 13
Irigaray, Luce, Ese sexo que no es uno, Madrid, Saltes, 1977.
Gutiérrez Estupiñán, Raquel.Escritura femenina y erotismo

Etiquetas : CubaEl erotismo femeninoMsc. Lourdes de Armas - Escritora. Teólogauna lectura recomendable