En los últimos diez años, a pesar del aparente crecimiento económico, aumentó la cantidad de bonos, subsidios y programas sociales. Igual, persistimos: se estima que entre 2017 y 2021 el Gobierno invertirá (gastará) aproximadamente 19 mil millones de dólares solo en planes de ayuda social. El programa con más inversión es ‘Misión Ternura’, cuyo costo es cerca de nueve mil millones. Este redistribucionismo asistencial generó la ilusión, abonada por la propaganda oficial, de que por fin la “nueva matriz productiva” estaba reintegrando a los pobres.

El régimen de entonces se jactó de haber revertido la pobreza y generado un Estado de derecho social irreversible. Cualquier retroceso abría de ser concebido como una traición a favor de los grupos oligárquicos aliados con el imperio. Los “pelucones” en contra del “pueblo”. En los hechos las cosas se muestran muy distintas. El agotamiento del programa inaugurado en 2007 se hizo bien tangible tras la posesión del nuevo Gobierno. Vamos, los mismos con otro discurso.

Y llegamos a la coyuntura actual. Burocracia obesa, corrupción heredada y  reducción de ingresos fiscales, que obligarán a revisar una treintena de subsidios estatales. Solo este año el Gobierno entregará cuatro mil millones en subsidios plasmados en el presupuesto de 2018.

A la vez que subsidiamos a los ricos, fortalecemos un sistema clientelar con fondos públicos, donde las personas quedan atrapadas en la pobreza volviéndose dependientes perpetuos de un programa social. En lugar de ser una ayuda para que dejen la pobreza o puedan enfrentar mejor una desgracia, el fin pasa a ser mantener a la gente en la pobreza y la dependencia de políticos arribistas.

Resumen: la pobreza estructural, densa y dura, no hizo más que acentuarse durante once años, revelando que “inclusión social” no solo no equivale a “reintegración”, sino que puede significar lo contrario. Es conocido que, como en todos los órdenes de la vida, lamentablemente los espacios no ocupados por aquellos que deben hacerlo son ocupados por oportunistas, manipuladores y “caretucos”. Presidente, le quedan aún tres años para comenzar un camino diferente al del engaño corporativo del “pobrismo” organizado. Como usted dice: descamine.

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Confirmado.net / LA HORA


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