Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), hizo su primera visita a la Argentina tras el histórico acuerdo de este país con el organismo. Lo hizo en el marco de las reuniones preparatorias de la Cumbre del G20 que se desarrollará en Buenos Aires en diciembre de 2018.

Sus palabras hacia la Administración de Macri fueron absolutamente positivas. En la conferencia de prensa que ofreció junto al ministro de Hacienda[1] se destacaron expresiones como “La economía va a mejorar a inicios de 2019” y “Venimos con mi equipo a alentar los avances masivos que se están consiguiendo.” Asimismo, señaló que no tiene “dudas que las metas fiscales serán alcanzadas” y que el programa diseñado conduce al “éxito en términos fiscales y de política monetaria”.

El presidente Macri, devolvió las gentilezas en el acto de cierre del evento al agradecer el “fuerte respaldo de la comunidad internacional”. Sin embargo, es necesario precisar quién respalda al Gobierno argentino y con qué objetivo.

El apoyo del FMI

El país enfrentó en el mes de abril una costosa corrida cambiaria. En la misma se vio cómo los inversores internacionales le dieron la espalda al país fugando sus capitales. Resulta emblemático que solo en las dos semanas más intensas las tenencias de Lebacs[2] por parte de no residentes pasaron de 4.900 a solo 1.600 millones de dólares. Fue en ese marco que el Gobierno recibió el respaldo internacional que no le daba el mercado; un respaldo fue de los estados que toman las decisiones en el FMI y que, a la vez, son los más poderosos del G20.

Parece paradójico que un Gobierno que se ha jactado de liberar los mercados para atraer inversiones termine envuelto en una crisis a causa de las propias liberalizaciones, y sean justamente los estados los que salgan al rescate. Desde que asumió el Gobierno de Macri se tendió a liberar el mercado de capital[3] y el comercio exterior[4] a fines de atraer inversiones. Sin embargo, las inversiones productivas se mantuvieron en los niveles de los años anteriores (de 2.291 millones de dólares promedio en la gestión anterior a 2.362 millones de dólares en 2017). En cambio sí se multiplicaron las inversiones financieras (pasaron de -1 millones promedio en la gestión anterior a 9.933 millones de dólares en 2017), atraída fundamentalmente por las altas tasas de interés locales. Las mismas, junto al endeudamiento externo, fueron los ingresos de divisas que permitieron financiar el abultado crecimiento de la fuga de capitales y del déficit comercial en la era Macri.

Estos capitales fueron, justamente, los que abandonaron el país en abril y desencadenaron la crisis que derivó en el acuerdo con el FMI[5]. El argumento del Gobierno es que la salida se debió a factores internacionales, especialmente a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos. Sin embargo, la extrema volatilidad es la naturaleza de estos capitales; el problema es recaer en esta fuente de financiamiento para financiar enormes déficits del sector externo.

El Gobierno argentino continúa apelando a un discurso de liberalización que parece absolutamente pasado de moda en el marco de la “guerra comercial” en curso y la creciente volatilidad de los mercados financieros internacionales. Si la eficacia de las estrategias de apertura comercial y de capitales son objetos de un amplio debate teórico en general, no quedan muchas dudas de sus altos riesgos en un contexto en el cual el mundo afronta una tendencia creciente al proteccionismo y se proyecta una reversión de los flujos de capitales de la periferia a los emergentes.

¿Hacia dónde va Argentina?

El fracaso de la estrategia de liberalización absoluta tiene sus consecuencias en la economía real. A dos años y medio de haber asumido Macri, la economía argentina se encuentra al mismo nivel. El poder adquisitivo de los salarios acumula, a la fecha, una pérdida superior al 10%. Para los próximos meses se avizora un deterioro de la mayor parte de las variables. La combinación del ajuste fiscal acordado con el FMI,[6] una inflación proyectada en 30% con aumentos salariales pactados en torno al 15% y la política de altas tasas de interés auguran un mayor descenso del poder adquisitivo, una caída de la actividad económica y una pérdida de puestos de trabajo durante lo que queda del año.

La economía argentina enfrenta fundamentalmente dos problemas: la falta de demanda a causa de la pérdida de poder adquisitivo y la necesidad de dólares para financiar los abultados déficits del sector externo. El acuerdo con el FMI muestra una total despreocupación por el primer motivo, mientras que enfrenta el segundo de la peor manera. El ajuste fiscal no resolverá el problema de los dólares mágicamente, sino que lo hará a partir de achicar la economía. A menor ritmo de actividad económica, efectivamente, el país demandará menos divisas, por ejemplo, porque se reducirán las importaciones. El objetivo excluyente del FMI parece ser que Argentina pueda tener los dólares suficientes para pagar la enorme deuda que contrajo en los últimos dos años.

Mauricio Macri aprovechó la cumbre del G20 para agradecerles a los países que le dieron su apoyo cuando el mercado le dio la espalda. Con el préstamo, el objetivo del Gobierno es intentar recomponer la confianza del mercado. Es decir, repite la misma estrategia que no funcionó y está dispuesto a seguir acumulando deuda y sacrificar el bienestar de las mayorías por esa causa.  El “mundo” lo apoya.

[1] https://youtu.be/Prj_ZBCQPLU
[2] Letras emitidas por el Banco Central.
[3] Se destacan medidas como la eliminación de encaje y plazo de permanencia a los capitales especulativos, y la eliminación de cualquier tope a la compra de divisas.
[4] Relajamiento de regulaciones a las importaciones, especialmente en bienes de consumo.
[5] Ver nota http://www.celag.org/argentina-al-fondo-causas-y-consecuencias-de-un-acuerdo-de-alto-impacto/
[6] Ibídem

AUTORES

Confirmado.net / CELAG.ORG

Etiquetas : ArgentinaCELAG.ORGFMI