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La última vez que tuvimos noticias de mi hermano, Telmo Orlando Pacheco Aguilar, fue el 03 de noviembre del 2011, se fue a Loja, supuestamente le había ido bien y por eso se quedaba conociendo otros lugares. Nosotros le llamábamos pero nada, pasaron los días y su teléfono seguía apagado.

Él estudió Ecoturismo, así que siempre le gustó la naturaleza, la aventura y la vida, por eso pensamos que tal vez se le perdió el teléfono, que no tenía batería o que en el lugar en el que estaba no había señal.

Llegó el día siete, yo estaba en mi casa, eran como las nueve de la mañana, me estaba amarrando los cordones de los zapatos, cuando mi teléfono sonó, era mi mamá. Su voz me dolió, era para decirme que bajara a la casa, que mi hermano no llegaba y que teníamos que ir a poner la denuncia en la Fiscalía. Mientras yo bajaba las ocho o diez cuadras que tenía que caminar para llegar a la casa de mis padres, sólo pensaba en que quizás el Lando estaba bien y que tal vez ese mismo día llegaría; esperanza le llaman, pero llegó la noche y nada. Ahí fue cuando sentí que todo en mi familia y en mí se derrumbaba, llegó el momento de enfrentar la realidad, de esas que esperas que sólo sea una pesadilla, de esos sueños de los que te cuesta despertar y que cuando te despiertas puedes respirar tranquilo, porque sólo fue un sueño.

Los días seguían pasando y con el tiempo en contra, nosotros le buscábamos a mi hermano, en hospitales, albergues, morgues – entre el dolor, la angustia, el miedo, la rabia, la impotencia, la desesperación -, pegando afiches, viajando por todos los lugares posibles e imposibles. Rogando a los medios de comunicación que hicieran un espacio en una de sus páginas para decirles a todos que mi hermano estaba desaparecido.
Yo quería con todo mi corazón que intercambiáramos lugares, quería tomar su lugar en lo que sea que le estuviera pasando, la comida no me sabía a nada y en las noches sólo quería morirme, pues nada de lo que hacía me devolvía a mi hermano.

Para esa fecha las personas ya desaparecían en el Ecuador, atrás de la desaparición de mi ñaño habían muchas más, no eran hechos aislados, sólo que no había nadie que haga visible esta realidad, que reclame por sus derechos. Cuando el Orlando desapareció el mismo agente que recibía las denuncias de los carros robados, tenía a cargo la investigación de nuestro caso, recuerdo sus palabras: “Yo prefiero buscar carros porque eso sí se encuentra”, aunque él hubiera tenido toda la buena intención de ayudarnos, no estaba preparado, así que durante los primeros meses, tiempo vital para seguir las pistas que teníamos de mi hermano, la justicia no hizo nada, no sólo por su inoperancia, sino también por su falta de empatía.

Luego de no hacer casi nada para buscarle a mi hermano, nos cerraron el caso. Le dijeron a mi papá que ellos ya no podían seguir buscándole y que si queríamos, nosotros debíamos buscarle por nuestra cuenta y eso hicimos durante casi un año.

Poco después de eso, mi padre se encontró con Walter Garzón, en la Plaza Grande, venía desde Colombia, a su hija la habían desaparecido en Ecuador. Él nos enseñó a luchar, a reclamar por lo que nos era justo, de pronto no sólo era a la familia Restrepo Arismendi, la familia Garzón o a la mía a la que le faltaba un ser amado, éramos y somos cientos de familias que seguimos a la espera.

Y nos fuimos juntados para que con plantones, marchas, solicitudes y exigencias, las cosas vayan cambiando. Desde hace algún tiempo ya no es necesario esperar 48 horas para poner la denuncia si tenemos la sospecha de que alguien de los nuestros pueda estar en peligro. Se formó la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Desapariciones, Extorsión y Secuestros de Personas (Dinased) y aunque todavía les falta mucho para estar capacitados y puedan resolver esta problemática, las cosas han ido avanzando, estas son las pruebas, de que cuando las personas se juntan, se hacen oír, reclaman por lo suyo, pueden hacer temblar a todo un Estado y pueden hacer que las cosas empiecen a pasar.
Pero no sólo se trata de eso, es también para que todos sepamos qué hacer si algo así le llega a pasar, a usted, a su amigo, al vecino y para que los que nos desaparecen se encuentren con una sociedad organizada, alerta y que no les tiene miedo.

Yo no sé si algún día le vuelva a ver a mi hermano, si algún día pueda volver a ver sus ojos cafés claros, a abrazarle, a decirle que le quiero, a compartir la mesa mientras él come arroz con huevo y yo me chupo una naranja; pero sí sé que no quiero que nadie más tenga que pasar por un momento así o que si pasa todo funcione de una manera efectiva para que no tengan que esperar años, décadas.

Te busco, te espero Telmo Orlando Pacheco.

Confirmado.net / ASFAFE

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