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Hace exactamente cien años la Primera Guerra Mundial, el conflicto que lo cambió todo, se encaminaba hacia su fin. Finalizado el verano, las fuerzas alemanas se romperían de forma definitiva, precipitando la resolución de una guerra que tras cuatro años de contienda había desangrado a las principales naciones europeas. Aquellas que sobrevivieron, y fueron pocas, no cerrarían sus cicatrices hasta el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial fue pionera en muchísimos aspectos. En lo militar y en lo logístico sobre el campo de batalla, y en lo político y en lo social cuando las ruinas de su destrucción reconfiguraron la relación de poderes en Europa. Y también lo fue en lo técnico y mediático: gracias al interés de las potencias contendientes en ilustrar lo que sucedía en el frente (a su manera y tergiversando los hechos para elevar el espíritu nacional), fue un conflicto ampliamente fotografiado.

Centenares de profesionales pioneros en el fotoreportaje bélico, a menudo incrustados en el frente o incluso enroaldos en los batallones que debían batallar entre el fango y los bombardeos, se lanzaron a los campos a contar lo que sus ojos veían. Ya fuera la disrupción total de la vida civil en aquellos rincones a los que alcanzó la contienda o el día a día de los millones de soldados que morirían bajo las balas, sus fotografías capturaron aquel momento en el que Europa cambiaría su historia.

En Francia, algunos nombres destacan sobre otros. Quizá uno de los más significativos sea el de Paul Castelnau. Nacido en París en 1880, Castelnau sobresaldría por el empleo del color en sus instantáneas. Por aquel entonces el coloreo de los negativos era algo más que conocido en la escena de fotografía paisajística, turística o documental, pero era relativamente extraña a los conflictos bélicos. Castelnau y otros lograron capturar la vivacidad de horror en el frente.

Sus fotografías han sido recopiladas recientemente en trabajos como The First World War: Unseen Glass Plate Photographs of the Western Front o First World War In Colour. Castelnau se servía de la célebre técnica del autocromo de los hermanos Lumière, una forma de colorear las imágenes patentada en 1907 y que mejoraba los más antiguos y artificiosos fotocromos. Las fotos de Castelnau, centradas en sus viajes al norte de Francia, a la Alsacia o a Reims tienen un carácter más natural y realista, próximo a la fotografía documental que conocemos hoy en día.

He aquí una breve recopilación de algunas de sus icónicas fotos. Como fotógrafo y como soldado, Castelnau sobreviviría a la Primera Guerra Mundial y lograría llegar vivo a la Segunda. Sus trabajos documentales y audiovisuales durante la década de los años veinte serían lo suficientemente destacados como para completar un legado fotográfico fantástico.

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Etiquetas : Paul CastelnauPRIMERA GUERRA MUNDIALThe First World War: Unseen Glass Plate Photographs of the Western Front