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IZQUIERDAS_1

América Latina vive uno de los peores momentos por el retorno de políticos neoliberales a la dirección de los Estados. Su configuración ideológica es una visión neoliberal de todos los ámbitos de la vida social y económica, y apuestan a destruir los logros del progresismo –una categoría que enlaza el concepto de justicia y derechos colectivos-.

Pero hay una corriente de opinión que pretende despedazar el legado de unos líderes y gobiernos que hicieron más por los pobres que el discurso retórico de algunas izquierdas congeladas en su purismo. Ergo, ya no se sabe hoy, en 2018, quiénes le hicieron más daño al progresismo: si la derecha hambrienta de poder político que no pudo con la fuerza social represada en cada país (y que halló en el populismo social –uso adrede esta definición movediza- una salida a sus viejas necesidades), o la izquierda hipócrita que ha vivido de las migajas que las democracias liberales le obsequian cuando se intentan sublevar.

Las dos ramas, unidas por un tronco raro, se disputan su legitimidad frente a una postura que tuvo un objetivo político claro: recuperar el rol del Estado luego de décadas de arbitrio cínico de las élites que solo lo usaban (usan) como biombo para negociar lo privado.

Como en un carrusel infinito hoy ambos bandos, desde la rigidez ideológica, se disputan quiénes son los auténticos rivales del progresismo, si la derecha neoliberal –que ya no usa ese ‘apellido’- o la izquierda que aún llora el robo de su léxico ideológico. ¿Puras palabras nomás? No. Sus arengas las desnudan (a las izquierdas más); porque de su imaginario discursivo brota, repito, el recelo a la realidad.

Son las izquierdas las que más temen a la realidad. (Las derechas nunca). Ciertas izquierdas huyen de tres modos de asumir la realidad: el poder, la política y la capacidad de gobernar. ¿No lo creen? Mírenlas ahí: unas gravitando cerca del gobierno actual sin saber qué hacer o decir, y otras operando formas de supervivencia política a costa de su remoto decoro. ¿Les apesta el populismo social y optan por la racionalidad del Estado? ¿Quizá por eso se callan frente a la Trole 3?

Difícil saberlo en una situación de turbación y orfandad política.


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Confirmado.net / El Telégrafo

Etiquetas : CAROL MURILLOEcuadorIZQUIERDAS