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Las señales no podrían haber sido más distintas. La canciller fue recibida en Pekín con grandes gestos. Alfombra roja, muestras de unidad ante la prensa y de antemano un regalo tangible: China reducirá los aranceles de importación de automóviles. Tanto Alemania, el líder en exportaciones, como su principal mercado, China, están satisfechos.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el ministro de Relaciones Exteriores Heiko Maas vivó una experiencia diametralmente opuesta. Sus interlocutores no hicieron ninguna concesión. Al contrario, el presidente Donald Trump sacó sus herramientas de tortura y amenazó nuevamente con imponer aranceles a los automóviles importados. Un ataque directo al principal negocio de Alemania – y no es el primero.

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