Luego del lanzamiento de su último libro, Ecuador: los gobiernos julianos 1925-1931, entrevistamos al historiador Juan J. Paz y Miño Cepeda para conocer sus puntos de vista sobre el primer año de gobierno de Lenin Moreno Garcés.

Paz y Miño Cepeda es enfático en señalar que “nadie esperó que el giro se transforme en ruptura total y abandono de la Revolución Ciudadana para forjar un nuevo tipo de gobierno que caminó en otro sentido”.

Este 24 de mayo se cumple el primer año del Gobierno de Lenin Moreno, queremos que nos haga una especie de balance. En primer lugar, ¿qué rasgos se podría destacar en el aspecto político?

Partiría del hecho de ser historiador y como tal observar el proceso de más largo plazo, por lo tanto si en un primer momento la elección de Lenin Moreno y Jorge Glas dio la idea de continuidad de la Revolución Ciudadana muy pronto eso se frustró, y finalmente se arribó a una ruptura total con el gobierno de la Revolución Ciudadana. De modo que el primer rasgo a destacar seria que el gobierno de Lenin Moreno es un nuevo gobierno que inaugura otro ciclo histórico en la vida nacional totalmente alejado del gobierno de la Revolución Ciudadana.

¿Qué características tendría este nuevo ciclo?

Varias, desde el punto de vista político se han agudizado tres procesos a su vez. El uno, el giro conceptual y también práctico hacia los principios, conceptos y valores de la empresa privada. El propio Presidente lo ha dicho. Ha llegado el momento de incentivar a la empresa privada y apoyarle para su crecimiento, eso sirvió para que en los diálogos nacionales las cámaras de la producción tomen el bastón directivo de los conceptos y valores de la economía, y hemos arribado, luego de un año, a una situación en la cual el mercado, la inversión de capitales, la venida del capital extranjero, las posibilidades de tratados de libre comercio, de acuerdos bilaterales de inversión, tal vez la unión al convenio Asia Pacífico, se han convertido cada vez más en posibilidades ciertas y desmantelando en mucho las antiguas capacidades del Estado. Entonces hay un giro, si antes el eje progresista estuvo en que el Estado también debe ser un eje dinamizador y ante todo regulador de acuerdo a la Constitución del 2008, hoy estamos ante un giro en el cual la empresa privada y el mercado libre pasan a ser el sustancial y mayor eje de la economía.

Otro giro que se ha dado es en el orden de la organización, la atención a los movimientos sociales. Ellos fueron muy activos en el periodo que denominan correista, en éste han tenido una apertura para acercarse, para dialogar, se les ha procurado atender, y en con ello el gobierno ha planteado también, según se conoce, un nuevo esquema laboral que ahora las propias organizaciones de trabajadores comienzan a denunciar como medidas flexibilizadoras y precarizadoras del trabajo. No ocurría lo mismo, en el periodo anterior, este tipo de giro total en el cual la precarización se convierte ya en una política de Estado.

Un tercer giro es en la política institucional del Estado. Se creyó, que las funciones del Estado tal como se heredaron, de acuerdo con la Constitución del 2008, se fortalecerían o se mantendrían. El referéndum y la consulta que se hicieron para intervenir en la quinta función del Estado, la de trasparencia y control social, también ha abierto el campo para que la institucionalidad, que fue heredada, ahora pase a otras manos, pase a ser dirigida en función de lo que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS-T) de transición está estableciendo. La supresión de varios ministerios coordinadores, el replanteamiento del papel de las Fuerzas Armadas y la revisión de los conceptos de Seguridad Nacional, más la disminución de las capacidades estatales para efectos de favorecer el desarrollo empresarial y de mercado, todo ello da cuenta de estos giros en múltiples aspectos.

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