“Libre por rebelde y por rebelde grande”, así eres Esmeraldas querida. Estamos heridos, sí, pero no permitiremos que el miedo nos paralice y se convierta en el verdugo de nuestra gente más sencilla, obligándola a desplazarse de la tierra que los vio nacer; mermando las esperanzas de superación, porque cada vez es más difícil la venta en los negocios de la provincia verde.

El país demanda de cada uno de nosotros solidaridad y empatía. Desde cada trinchera podemos aportar a la construcción de una sociedad de paz, para que nunca más se forjen “Wachos”, donde ningún niño al crecer tome la insana decisión de incursionar en el narcotráfico y asesinar a otros por dinero o porque es la única vía que le ofrece la pobreza.

No permitamos que se normalice la violencia, eso es responsabilidad de todos, incluyendo a los medios de comunicación que, mientras en sus noticieros rechazan el abuso y vandalismo, en sus programaciones diarias ofrecen narconovelas, donde se muestra un modelo de vida sin valores; obteniendo dinero fácil, sin sacrificios; donde solo vale la gente por lo que tiene y no por lo que es, ¿acaso pretenden seducir a nuestros jóvenes a incursionar en un mundo amoral e indecente?

La paz no solo se la profesa, se la construye con hechos y acciones diarias; ni se la busca con discursos bélicos, mismos que nos han demostrado no ser la solución. La violencia no se combate con más violencia, eso genera mayor conflicto e inseguridad.

La Patria está golpeada, no hay cabida para las miserias humanas y políticas en estos momentos. Los comentarios cargados de odio, los insultos y las bajezas no aportan. Todos podemos evitar que sigan germinando secuestradores de la paz y traficantes del terror.

No solo preocupémonos de que cada vez hayan mejores profesionales; sino que existan, sobre todo, excelentes ciudadanos, que serán los arquitectos del país que anhelamos. Dejemos huellas indelebles con nuestro accionar, jamás nos cansemos de protestar ante las injusticias, seamos la voz de todos los que hoy mismo se han agotado de tanto gritar, luz y comprensión donde vayamos.

En honor a que se haga justicia por las vidas perdidas de Luis, Jairon, Sergio, Wilmer, Paúl, Javier y Efraín; porque aún esperamos los cuerpos de nuestros 3 compatriotas; porque queremos el retorno inmediato, sanos y salvos de Oscar y Katty; porque los ecuatorianos somos aguerridos, valientes y comprometidos ¡Que el miedo no nos venza!

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