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Atrapada en una rutina, atrapada en una depresión, estancada, como sea que quieras llamarlo, cada corredora eventualmente llega a un punto en el que siente que no progresa. “No hay forma de evitarlo, estas fases son inevitables y forman parte del proceso de entrenamiento”, dice Jeffrey L. Brown, médico psiquiatra de la Facultad de Medicina de Harvard.

En el transcurso de una vida corriente, hay picos y valles naturales, y líneas planas en el medio. Las mesetas tienen mala reputación, pero no siempre son perjudiciales. Cuando te enfrentas a un período de trabajo exigente o experimentas un cambio de vida importante, como mudarte o agrandar tu familia, ¿por qué no dejar que tu entrenamiento permanezca inactivo en punto muerto? Si no tienes tiempo para carreras largas o energía para los entrenos de velocidad, intentar mantener s la mejor opción. “Estas rachas rara vez son permanentes, y no te definen como corredora”, dice Brown. “Simplemente indica lo que está sucediendo con tu entrenamiento, y tal vez con tu vida, en un momento determinado”.

Por supuesto, a veces esta situación no es un bienvenido descanso. Si realmente deseas abordar una nueva distancia, establecer una nueva marca personal o bajar unos kilos, la lucha para avanzar hacia ese objetivo puede ser frustrante. Brown dice que salvo dos causas físicas importantes del progreso estancado, como una enfermedad o lesión, una barrera psicológica podría ser la causa.

Te detallamos formas en las que tu cerebro puede detener tu progreso y cómo afrontarlo.

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