Alexander Zverev resolvió contundentemente el primer punto de la eliminatoria entre España y Alemania y situó a su país con ventaja de 1-0 en el cruce de cuartos de final del Grupo Mundial de la Copa Davis que mide a ambos equipos en Valencia. Venció por 6-4, 6-2 y 6-2 en una hora y 55 minutos de un partido a la altura de las expectativas que viene despertando su tenis en las últimas temporadas. Su triunfo entra dentro de las previsiones de un cruce que se presume equilibrado, en el que Rafael Nadal parece obligado a ganar sus dos puntos y el dobles adquirirá especial relevancia. [Narración y estadísticas]

Corre Ferrer y juega Zverev. Había algunas dudas sobre cómo iba a desarrollarse un partido sobre el papel aparentemente desigual. El alemán viene; el español empieza a tomar el camino de regreso. Con todo, podía pesar la trayectoria impoluta de Ferrer en Copa Davis sobre arcilla: invicto, con 16 victorias sobre sus curtidas espaldas hasta este encuentro. Además, su adversario venía de disputar el pasado domingo la final de Miami, con los consiguientes problemas de adaptación de la pista dura a la tierra de la plaza de toros de Valencia.

El número cuatro del mundo demostró pronto que se toma muy en serio esto de la Copa Davis, una competición más para construir su biografía profesional, que se adivina brillante. La victoria el pasado año en el Masters 1000 de Roma dejó claro que se trata de un tenista también capaz en esta superficie. Su actitud, de la que a veces puede dudarse, fue la correcta desde el inicio. El partido fue, en realidad, un ejercicio de autoridad de Alexander Zverev, cuyo revés, especialmente el cruzado, hizo mucho daño en la esmerada propuesta de Ferrer, todo un ejemplo de compromiso con la Davis.

Los problemas con el servicio, que perdió en diez ocasiones, complicaron aún más la tarea del español. Ausente Carreño, el hombre que supuestamente estaba destinado a ser el número dos del equipo, hubo de afrontar un trabajo de máxima exigencia. Cuando conectaba el primero, lograba tirar largo, abrir pista y dilatar los intercambios, el único modo de estrechar distancias con Zverev. Pero hasta en esa faceta estaba dispuesto a plantar cara el tenista de origen ruso, que disputó un partido soberbio, sin ofrecer un solo flanco vulnerable. Puede pensarse ahora, cayendo en el ventajismo, que Roberto Bautista hubiera sido una alternativa más acertada, pero el castellonense, derrotado hace dos meses en Marbella, ante Gran Bretaña, por Cameron Norrie, entonces 114 del mundo, no se ha revelado fiable en la Davis hasta la fecha.

Ni con dos sets abajo y desventaja de 3-0 en el tercero, bajó la cabeza Ferrer. Estaba en juego su orgullo, la entereza que ha sido uno de sus fundamentos a la hora de armar una trayectoria que le llevó a situarse en 2008 como número tres del mundo. Nadie resiste los embates del tiempo. Recién cumplidos los 36 años, con la semifinal de Auckland como mejor resultado esta temporada, y pese a haber llevado a tres sets a Zverev semana pasada en Miami, el jugador de Jávea, empujado por la grada, no encontró réplica al vigoroso, lúcido e implicado Zverev. “Ha sido superior a mí en todo momento. Cuando he tenido oportunidad de meterme en el partido, no he sacado bien y lo he pagado”, comentó Ferrer tras el partido.

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