Por Esteban Valenti *

Es grave la forma acrítica con que aceptamos el manejo de nuestra información. Porque lo que está en juego, ahora, es nuestra libertad. Por Esteban Valenti.

En la sociedad de la información y de las nuevas tecnologías, las famosas TIC, lo más valioso es el volumen de información sobre cualquier tema: estados, empresas, organizaciones, iglesias, partidos, pero, sobre todo y, por muy lejos, lo que se sabe sobre cada ser humano y sobre el género humano en general.

El desarrollador Georges Abi-Heila reveló que Facebook tenía almacenados 500 megabytes (MB) de información sobre su persona. Recibió este dato en un archivo ZIP (comprimido) tras haber solicitado a la propia red social el envío de un archivo con una copia de seguridad de todos sus datos personales.

Si creía que Facebook desechaba los datos que cada persona había eliminado de su cuenta, es un error. La red mantenía los archivos completos de Abi-Helia, además de los datos básicos, también almacenaba contactos que ya no lo eran, antiguas relaciones de pareja, sus puestos de trabajo previos e incluso fotos que había eliminado y, además, horarios de sueño, domicilio, mensajes, listas de contactos y ubicaciones de inicio de sesión. Estos son algunos de los datos que la red almacena de cada usuario a partir de la creación de su cuenta.

La palabra Megabyte (MB) es un término relacionado con computadoras usado para describir el espacio en disco así como el espacio de almacenamiento de los datos y la memoria del sistema. El megabyte tiene dos valores de tamaño diferentes, según el contexto un megabyte se compone de 1.048.576 bytes (2 ^ 20) en un sistema binario usado por una computadora. En la notación decimal, un megabyte se compone de 1.000.000 bytes (10 ^ 6). En resumen: Facebook dispone de 500 millones de bytes de Abi-Helia. Y pueden estar seguros que es el mismo volumen de información que disponen de la media de todos sus usuarios. Una monstruosidad.

La argumentación es que esos datos sirven para mejorar el enfoque publicitario de la red social y que son suficientes datos como para “determinar patrones de la vida diaria” con “gran precisión”, como los domicilios del hogar y el trabajo, los trayectos cotidianos o los horarios de sueño. Contienen datos clasificados -correo electrónico, número de teléfono, nombre, apellidos, ciudad, región, país, fecha de nacimiento, edad y género- para su uso en campañas publicitarias destinadas a públicos concretos.

Imaginemos, sin mucho esfuerzo y con los algoritmos correspondientes, la capacidad de diseñar perfiles de seres humanos “ideales”, manipulables, útiles en diferentes tareas de alta complejidad y su aplicación a la genética y las posibilidades de generar aberraciones diversas.

En un comunicado publicado en Hackernoon, Abi-Heila confesó que Facebook también almacena metadatos de imágenes y ubicaciones de inicio de sesión. “Desde que creé mi cuenta, todas mis acciones han sido registradas”, manifestó sorprendido Abi-Heila. “Creo que por primera vez en la historia, 10 años del comportamiento humano constante han sido meticulosamente encontrados, guardados y analizados”.

Debido al sistema de Facebook de reconocimiento facial perfeccionado, el algoritmo de la compañía es capaz de identificar a una persona con un 98% de precisión, pero también puede distinguirla entre 800 millones de fotografías en menos de cinco segundos, recordó Abi-Heila. En el caso del desarrollador, Facebook almacena 232 imágenes de su posible apariencia física

Facebook es la mayor red social y fue creada por Mark Zuckerberg junto a Eduardo Saverin, Chris Hughes y Dustin Moskovitz. En sus inicios, se trataba de un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard. Su propósito era diseñar un espacio en el que los alumnos de dicha universidad pudieran intercambiar una comunicación fluida y compartir contenido de forma sencilla a través de Internet. Fue tan innovador y exitoso su proyecto que con el tiempo se extendió hasta estar disponible para cualquier usuario de Internet.

En octubre del 2014, Facebook llegó a los 1350 millones de usuarios, de los cuáles había más de 700 millones de usuarios móviles. Brasil, India, Indonesia, México y Estados Unidos son los países con más usuarios. En la actualidad supera los 1.500 millones de usuarios.

Las principales críticas a la red social y a la empresa siempre se han centrado en la supuesta falta de privacidad que sufren sus millones de usuarios. Estas críticas se acrecentaron en 2013, cuando se descubrió que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y otras agencias de inteligencia vigilan los perfiles de millones de usuarios y sus relaciones con amigos y compañeros de trabajo.

Las empresas propiedad de Facebook son: Instagram, WhatsApp, Oculus VR y PrivateCore.

Los números de Facebook son impresionantes, pero mucho más son algunas de las cláusulas de la “Licencia y términos de uso” que cada usuario debe aceptar:

“Usted le otorga a Facebook el derecho irrevocable, perpetuo, no exclusivo, transferible y mundial (con la autorización de acordar una licencia secundaria) de utilizar, copiar, publicar, difundir, almacenar, ejecutar, transmitir, escanear, modificar, editar, traducir, adaptar, redistribuir cualquier contenido depositado en el portal”.

Varios países mantienen litigios con esta y otras redes sobre el uso de los datos de acuerdo a sus legislaciones nacionales, pero estas redes han pretendido instalar normas universales y supranacionales, donde el tema principal es el manejo de los datos, es decir de su principal producto y fuente de toda su riqueza. Además de las disputas fiscales.

Que una empresa – porque en definitiva de eso se trata – disponga de manera totalmente arbitraria de 500 millones de bytes de información de cada uno de nosotros, es un cambio total y absoluto en nuestra civilización, en nuestra forma de vida, en las bases liberales, es decir, del goce de nuestra libertad desde que trabajosamente las hemos conquistado y tratamos de defenderla.

Obviamente los Estados y, sobre todo los Estados Unidos, han hecho uso y se atribuyen el derecho a utilizar toda esa información para su uso indiscriminado, seguramente con argumentos relacionados con la seguridad, aunque lo principal es para adoptar resoluciones de todo tipo, incluyendo comerciales, empresariales, políticas, sociales y científicas… junto a una lista interminable de otras alternativas.

Visto del otro lado de la red, es decir de los usuarios, todos sabemos y aceptamos que nos saturen en forma permanente en Google y en cualquier red con mensajes publicitarios ad-hominem, es decir especialmente dirigidos a la posible demanda de productos y servicios de los usuarios.

Haga usted mismo la prueba, realice una consulta para cualquier servicio en cualquier parte del mundo (hoteles, alquiler de coches, compras, restaurantes y una interminable lista de posibilidades) y de inmediato, en su próximo ingreso a una red o en millones de sitios usted encontrará ofertas de todo tipo relacionadas con su pedido. Porque además utilizan a millones de sitios que están conectados a esas redes y portales de servicios.

La clave, además de la red física y el software que soporta Internet y por lo tanto las redes sociales, es el manejo en tiempo real del enorme volumen de datos, son los algoritmos que permiten automatizar y optimizar el almacenamiento, la clasificación, el empleo inmediato del valor comercial de esos datos.

De esa venta de servicios dependen los ingresos y el valor de esas empresas que se encuentran entre las mejor cotizadas en Wall Street.

Facebook, con 1.500 millones de usuarios activos, superó por primera vez la semana pasada la barrera de los US$300.000 millones de valor bursátil, (trecientos mil millones de dólares, es decir 6 veces el PBI de todo un año de Uruguay) La acción de Facebook terminó la jornada en Nueva York con una ganancia de 4,64% a US$108,76 dólares, un nuevo récord de cierre.

Ultima hora: el lunes 19 de marzo los títulos de bolsa de Facebook tuvieron un desplome impresionante de casi 4 puntos en Wall Street, por la difusión en la prensa de los perfiles de información robados por la sociedad Cambidge Analytica a la red Facebook.

Cincuenta y un millones de perfiles de electores norteamericanos fueron robados por la empresa Cambridge Analytica, según denuncia The Guardian y el New York Times para ser utilizados en la campaña de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y fueron utilizados para influenciar las decisiones del voto.

La Comisaria a la Justicia de la Unión Europea Vera Jourova declaró que este hecho “da una perspectiva a la UE, sobre el mal uso con fines políticos de los datos personales pertenecientes a los usuarios de Facebook, se ha confirmado y es inaceptable”.

Para acceder y robar los datos, Cambridge Analytica habría utilizado una aplicación llamada ‘thisisyourdigitallife’ y presentada a los usuarios como un instrumento para investigaciones sicológicas cuyos datos hubieran servido solamente para fines académicos, una especie de test masivo sobre datos de la personalidad. Descargada por 270 mil usuarios la App permitió a través de posiciones geográficas, determinar las páginas seguidas, los contenidos utilizados por los usuarios e incluso la actividad de los amigos y de acceder a los datos de todos los amigos en Facebook, hasta alcanzar los 51 millones de perfiles. (Fin de la nota de última hora).

El grave problema es la forma acrítica, con que los seres humanos aceptamos el manejo de nuestra información, sin discutir, preguntar, analizar todo lo que está en juego. Porque dicho sin ningún tremendismo, lo que está en juego, ahora, aquí, es nuestra libertad, nuestra privacidad y nuestra identidad.

¿Esos datos nos hacen solo receptores pasivos de publicidad, de una publicidad personalizada? Eso es lo básico, el primer escalón, pero entre los productos que nos están ofreciendo, están los candidatos políticos, los servicios y consumos que “ellos” consideran más beneficiosos para sus empresas y sus utilidades, también en el plano del consumo cultural.

Es cierto que no es tan fácil manejarnos, manipularnos, pero en este instante, en diversas partes del mundo hay unidades de investigación para extraerle a ese volumen de datos el mayor provecho económico, político, cultural, ideal, etc. etc. No tengan la menor duda.

Con muy poca imaginación podemos proyectar el enorme poder invasivo que el manejo de nuestros datos personales puede generar en ciertos centros de poder y el menoscabo de nuestra libertad individual, incluso en algunos casos sin que sea fácil detectarlo, es decir de la peor manera posible.

Esta investigación no tiene límites éticos de ningún tipo, incluirán la selección de las personas por los más diversos parámetros, sociales, culturales, políticos, comerciales, raciales, religiosos, profesionales y muchos otros que ahora ni siquiera imaginamos. No se trata solo del controlar, de utilizar la información, sino de analizar tendencias y posibilidades de influir genéticamente para producir individuos dotados de características especiales en diversas ramas actuales y futuras de la actividad humana. Y la base será siempre el manejo de la información masiva y cada día más especializada.

Las élites antes surgían del poder económico, de la posición social, del acceso a determinadas posibilidades educativas, todo esto cuando se terminaron las herencias dinásticas del poder. Ahora hay técnicas y ramas de investigación para generar amplias diferencias en las capacidades mentales, de aprendizaje, de resistencia.

Los más sofisticados estudios del uso de la información masiva no solo pueden ser empleados en la producción de software, de productos y servicios de las TIC o de entrelazar esas tecnologías con la generación de valor, como las criptomonedas y los Blockchain o en definitiva en la programación de robots, que no son otra cosa que el software aplicado a la mecánica para producir movimientos e incluso inteligencia artificial en acción, sino que hay un paso más: que los propios seres humanos, determinados seres humanos, tengan una alta dosis de robotización.

No solo instalar inteligencia y programación humana en una máquina, sino lo contrario, seres humanos programados genéticamente y a través de las nuevas tecnologías en desarrollo y con el uso de la información acumulada en las grandes empresas de Internet y en los servicios de inteligencia. Este tema merece obviamente un análisis más amplio. Películas sobre el tema abundan, algunas muy osadas, otras no tanto…

¿Especulaciones o pasos y pasitos inquietantes, muy preocupantes?

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(*) Escritor y periodista, director de la Agencia Uruguaya de Noticias UYPRESS y de BITÁCORA. Coordinador General de Inter Press Service (IPS) entre 1979 y 1984. Artículo publicado en Montevideo Portal, el 20.03.18

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