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Por un capricho del calendario, coincidió el día del amor y la amistad con el miércoles de ceniza. Los curitas se dieron gusto dibujando en la frente de las damitas un corazón. En los hombres, un punto y ¡punto! Y en semejante chuchaqui tenemos que soportar las listas de las ternas para integrar el Consejo Transitorio de Participación Ciudadana, que de participación no tiene casi nada, pues se disputan la elaboración de los listados entre los padrinos de la consulta y ellos ciertamente que no representan al pueblo pueblo, sino a las cúpulas que se sienten con derecho a constar sus nombres en las ternas, así no representen a nadie.

Se habla de consejo transitorio máximo para un año; pero si no se apura el Consejo Nacional Electoral tranquilamente se queda hasta el 2021 y si los números no cuadran, podrían estar en funciones hasta el 2023, con poderes supremos como para agradecer los servicios a 150 autoridades de control, jueces, magistrados, fiscal, etc., etc. El problema está en que, defenestrados los actuales consejeros del Consejo de Participación Ciudadana, por decisión mayoritaria en la consulta, los Asambleístas están constitucionalmente impedidos de nombrar a sus reemplazantes, por expreso mandato del Art. 205 de la Carta Magna que en lo pertinente dispone imperativamente: “… En ningún caso la Función Legislativa podrá designar al reemplazo”. Sólo es posible mediante un nuevo proceso.

Quisiéramos escuchar la voz de la prensa “libre e independiente” acerca de estos serios reparos que dejó la tal consulta. No dicen nada al respecto, se erigieron en actores políticos y se olvidaron de su esencia informativa, de su obligación de contrastar las fuentes, de escuchar a los que piensan distinto. Nos dejaron el sabor amargo del carga montón en contra del gobierno anterior, condenándole al silencio, negándole su derecho a la réplica, con tal de borrar, según ellos, su imagen y obra extraordinaria de la memoria colectiva. Difícil empeño, pues el Ecuador de la década ganada es por sí mismo el imborrable testimonio grabado en el corazón de la gente.

Se unieron los odiadores con los oportunistas. Los primeros, por todo cuanto perdieron de ganar como estaban acostumbrados en el viejo país para el olvido. Los segundos, por su habilidad utilitaria de sacarle provecho a todo, aunque tengan que morder la mano del gran amigo. Cómo mataron el valor de la lealtad. (O)

Confirmado.net / El Tiempo

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