Me gustaría exclamar algo como: «¡Es su propia culpa! Siempre advertimos sobre este tipo de peligros». Pero no sirve de nada. Los soldados estadounidenses en sus bases secretas podrían haber marcado sus rutas de entrenamiento como «privadas», para que los datos por lo menos no se publicaran en la red. O podrían haber leído las reglas de privacidad de la app para averiguar lo que la empresa haría con sus datos.

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