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GARECA_PERU

Por: Rubén Marruffo C. (Periodista del diario El Bocón y TV Perú)

Era tan pesada la ‘mochila’ de llevar sobre la espalda los 36 años de ausencia mundialista, que en los últimos 5 días el tema exclusivo y excluyente de toda conversación de la sociedad peruana fue el partido ante Nueva Zelanda…

Y aunque en la cancha había generación que nada tenía que ver con esos 36 años de frustraciones, amarguras y tristeza… les tocó a los Gallese, los Rodríguez, los Ramos, los Tapia, los Flores, los Farfán, los Ruidíaz, poner la cara y enfundarse del legado de los Chumpitaz, los Cubillas, los Velásquez, los Uribe, los Leguía, los Cueto y los Oblitas.
Como en todo partido que se juega una clasificación al mundial, hubo muchos nervios, mucha tensión, muchos dientes apretados y pocas ideas… pero tan pronto Advíncula hizo estrellar la pelota en el parante apenas a los 2 minutos, los jugadores ‘recetearon’ sus memorias y repasaron las lecciones que el futbolista peruano trae desde la cuna: la pelota a ras del piso y el toque el primera.

Fue así cómo se empezó abrir la férrea defensa neozelandesa y fue así como el equipo de Gareca comenzó a adquirir confianza.  Avanzó los metros suficientes hasta dejar a Jefferson Farfán de cara al gol. Precisamente la ‘Foquita’, ese ‘medio’ hermano de Paolo Guerrero (el capitán ausente), tuvo en sus pies el gol y no desaprovechó. Su festejo con lágrimas en los ojos, fue la gráfica exacta de lo que se vivía en el Perú en estos momentos.
No hubo butaca en el estadio, hogar, oficina, restaurante, karaoke o plaza pública, donde un peruano no dejó escapar una lágrima tan pronto vio como la pelota ingresaba al arco de Marinovic.

A ritmo de fiesta

Cuando acabó el primer tiempo, para aflojarla tensión del momento, me tocó a decir a los muchachos que estaban a mi alrededor y que nunca han visto a Perú en un mundial: cada vez pesa menos la mochila de los 36 años.
Y el gol de Christian Ramos en el segundo tiempo llegó para que esa mochila se haga apenas un ‘canguro’… y para que los minutos finales se jueguen con un ojo en la cancha y otro en el reloj. Pero precisamente fueron los minutos más difíciles del partido porque se jugaba con las pulsaciones cardiacas y no con la cabeza fría, porque se jugaba con la mente pensando en los festejos y no con los últimos intentos ofensivos de los all black.

Hasta que llegó el pitazo final y todo el Perú se unió en un abrazo invisible… por un momento, hasta el Congreso dividido por sus afanes políticos se hizo uno… hasta las acusaciones de corrupción por el Caso Odebrecht quedaron de lado…

Hoy miro atrás, para ser exactos, 20 años atrás, cuando estuvimos en una situación similar pero una goleada en Santiago nos devolvió a la realidad… y sinceramente, aquella vez no lo merecíamos porque el país futbolero estaba dividido a favor y en contra de Juan Carlos Oblitas y sus hombres.

El presente es de Gareca, que logró un consenso y apoyo que hasta los políticos envidian… hoy, la sociedad futbolera cree a muerte en el ‘Tigre’, por eso, hasta en sus decisiones más cuestionadas, se oía la frase: “Gareca sabe por qué”.
Son las primeras horas del jueves y desde mi oficina limeña escucho las celebraciones de mis compatriotas… las redes sociales también me muestran cómo se festeja en cada rincón del país.

Ojalá que esta noche se prolongue por mucho tiempo, porque ver un país unido, como sucedió en la última semana en el Perú, no lo volveremos a a ver así no más.

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Etiquetas : GARECAMUNDIAL RUSIA 2018PerúRUBÉN MARRUFFO C
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