El acoso sexual puede tener muchas caras: un masaje no solicitado en el cuello, una palmada en el trasero, un brazo que enlaza una cintura. Si un hombre fuerza a una colega a mirar un porno, está claro que la mayoría lo catalogaría como un acto de acoso. Pero, ¿qué ocurre con un piropo aparentemente simpático a una chica que lleva un vestido ajustado?

El caso Weinstein puso al descubierto los abismos de los comportamientos impropios. El hashtag #MeToo pone en evidencia cuántas mujeres han sido víctimas de hombres que se propasan. Pero los críticos advierten que no queda claro qué exactamente es lo que han vivido “también” estas afectadas.

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