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‘Cara de chancho’ es el insulto más suave de una larga lista de grueso calibre: ‘perra sumisa’, ‘robamaridos’, ‘marimacho’, ‘travesti’, ‘zorra’, ‘meretriz’, ‘longa atrevida’, ‘babosa’, ‘retardada mental’, ‘piernas de pollo’, ‘bruja maldita’, ‘puerca’. Estos son algunos de los insultos que navegan a diario por las redes sociales en contra de mujeres que hacen política, independientemente de su partido o ideología. Los insultos se reparten a todas, y la mayoría tienen connotación sexual y asociación con animales.

La violencia política contra las mujeres es catalogada como parte de una violencia estructural más grande, arraigada de manera normalizada; se suma a otro tipo de violencias como la doméstica, la patrimonial, la sexual, de género, la psicológica, etc.

Este tipo de violencia gira alrededor de la esfera política, está dirigida a mujeres que ejercen cargos públicos o que hacen activismo. No se generan debates sanos sobre sus posturas o ideas, simplemente son insultos y ‘discusiones’ de cantina. El objetivo es visibilizar públicamente su esfera privada y hasta íntima, y humillarla hasta el cansancio.

“El sexismo, como arma política, o cuando el acoso llega a Twitter” es una investigación publicada en Ecuador en este mes de Octubre, realizada por Daniela Arias y Erika Guerrero. El método analizado es cualitativo y cuantitativo, de 15.200 menciones, se extraen 454 insultos contra las mujeres en un período de tres meses. Al analizar tales insultos y el contexto de los mismos, se los dividió en dos macrocategorías: Insultos generales (políticos, Intelectuales y Racistas/Clasistas), e Insultos por ser mujer (sexuales y por género).

De aquellos insultos generales, el 75 por ciento tienen que ver con la vinculación de las mujeres en la política, y en la categoría de insultos por ser mujer, el 70 por ciento es un ataque por el hecho de su sexualidad o de su género.

Bolivia tiene dentro de sus leyes, una específica para atacar estos hechos, la “Ley contra el acoso y la violencia política hacia las mujeres”, tipificada ya como delito, con cárcel de cinco a ocho años, para quien acose o promueva la persecución, el hostigamiento o las amenazas, a ella o su familia durante o después del ejercicio electoral, designada o en ejercicio de sus funciones. Con esta ley, Bolivia se convierte en país pionero que obliga a garantizar los derechos políticos de las mujeres, con seguridad y respeto.

Que las mujeres intervengan en asuntos públicos es difícil aceptarlo, en un país aún machista, su injerencia fuera del ámbito de la casa genera ira y rechazo social, que se expresa de manera clara en una catarsis violenta que no ha cambiado. Antes las quemaban en las plazas, hoy en las redes sociales. (O)

Confirmado.net / El Tiempo

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