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Medio siglo de “Cien años de soledad”

Por María Caridad Vásquez

En este mes de junio, se cumplen 50 años de una obra maestra: “Cien años de soledad”, una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana y universal, publicada en 1967. Traducida a más de 35 idiomas, y leída por más de 30 millones de personas.

“Iba con Mercedes y mis dos hijos para un fin de semana en Acapulco, cuando me sentí fulminado por un cataclismo del alma tan intenso y arrasador que apenas si logre eludir una vaca que atravesó la carretera” Así contaba García Márquez como le empezaron a llegar las ideas para diseñar Macondo, el pueblo donde se desarrollaría su novela.

Cuando Gabriel García Márquez la escribió, tenía 38 años y vivía en México. Su casa se convirtió en el testigo de su propia novela. Escribirla le tomó 18 meses continuos, trabajando ocho horas diarias. Había noches y días que simplemente no salía, hasta terminar un párrafo.

Gabo como le decían sus amigos dejó de trabajar en diarios y revistas para dedicarse a tiempo completo a su proyecto de vida, “escribir o morir” era una de sus frases favoritas. En esos 18 meses no se explica cómo pudo tener comida diaria para toda su familia, le llegaban espontáneamente canastos, viandas y golosinas. Empeñó todo lo que pudo, desde electrodomésticos hasta las joyas de su esposa, que valían poco, “es puro vidrio” le sentenciaron en el Monte de Piedad.

Escribir todas las generaciones que pasaron por Macondo, significó una carpintería compleja y secreta. El escritor llevaba unos apuntes paralelos, con un árbol genealógico de todo el pueblo, que al final los destruyó. Parte de los elogios de esta obra maestra, es la narración en un tiempo circular de generaciones que van y vienen.

“Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos la oficina de correos de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina para la editorial Suramericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: “Son 82 pesos”. Mercedes se enfrentó a la realidad: “Sólo tenemos 53”. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes de que consiguiéramos el dinero para enviarla, Paco Porrúa, nuestro hombre en la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera parte, nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarlo. Así es como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy”. Extracto del discurso de García Márquez , en Cartagena de Indias 2007. (O)

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