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La actuación de Donald Trump en la cumbre de la OTAN no podía ser más desaliñada, impertinente y hosca hacia sus aliados europeos. Por el momento escogido, un homenaje a las víctimas del 11-S. Resulta infrecuente que el representante natural de los homenajeados aproveche un acto en su memoria para leer la cartilla a quienes les honran con su recuerdo. Tal conducta dice más de la catadura moral del personaje que sus habituales desplantes.

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