El lazo con la oligarquía (Opinión) María Caridad Vásquez

Guillermo Lasso por sus lazos con la banca y el poder financiero mundial, calza bien en el modelo conservador. El banquero aparece en la vida pública ecuatoriana a mediados de 1992, cuando finalizaba el gobierno de Rodrigo Borja y debía comenzar el de Sixto Durán Ballén. Era la década de la expansión de la ideología neoliberal con los banqueros como detentadores de la política pública, lo que condujo al país a la crisis económica de 1998-1999, al salvataje bancario (dinero público para salvar a bancos quebrados), y a la pérdida de la soberanía monetaria en enero de 2000.

El escenario de liberalización financiera se acentuó con la Ley General de Instituciones del Sistema Financiero, y fue en esa época que Lasso fue vocal de la Junta Monetaria del Banco Central (BCE) en representación de los bancos privados, entre 1994 y 1996. Lo hizo con bajo perfil, ante los medios de comunicación, pero operaba en forma activa en la administración interna del BCE.

En 1999 tuvo una exposición política como gobernador del Guayas y súper ministro de Jamil Mahuad. Renunció cuando Mahuad declaró la moratoria de la deuda externa, lo que otorgó prioridad a los banqueros quebrados y postergó a otros acreedores, entre ellos a los externos, lo que, al parecer, disgustó a los banqueros que les servían de intermediarios.

Lasso volvió en el gobierno de Lucio Gutiérrez. Fue asesor económico y embajador itinerante del presidente depuesto. Apoyó en forma entusiasta la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos.
El banquero, miembro del Opus Dei, reapareció como candidato a la presidencia de la República en las elecciones del año 2013. Desde ese momento, lleva una política pública activa.

La pregunta clave es: ¿Qué le motiva a la política? Una posibilidad de su afición por la política puede ser la enorme vanidad del banquero. Otra, más estructural, es sobre todo un intento de recuperación, desde su base de acumulación, del poder social para reasumir el control de la economía ecuatoriana, con un tinte corporativo o en función de sus intereses, en particular mediante rebajas y eliminación de impuestos. O mejor, aún: una combinación de ambas opciones.

Mantener sus negocios en el Ecuador debe ser un verdadero dolor de cabeza, más aún luego de la investigación de Cynthia García, publicada en “Página 12” de Argentina, que hizo una grave denuncia: reveló que Lasso posee un entramado financiero de 49 empresas offshore, con las cuales evade impuestos en paraísos fiscales. Vamos entendiendo mejor el fuerte lazo que ha tejido Lasso por varios años con la oligarquía y el sistema financiero. (O)

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