“El ‘gasolinazo’ no derivará en un ‘Mexicazo'”

A simple vista, México y Venezuela comparten dos rasgos contundentes: ambos son países donde la producción petrolera juega un papel vital para la economía local y donde el Estado exhibe déficits que lo acercan a la disfuncionalidad. En ese sentido, amplios sectores de la población mexicana y venezolana parecen sostener el mismo acuerdo –tácito, pero sagrado– con los Gobiernos que van y vienen: el de tolerar la incapacidad de “los de arriba” para garantizarle un mínimo de bienestar a los grupos sociales más desfavorecidos a cambio de que el Ejecutivo no toque los precios de la gasolina, ínfimos en comparación con los vigentes en otras naciones gracias a históricos subsidios que, generalmente, o pasan inadvertidos o son percibidos como un derecho divino sin el cual todo en la vida colapsa.

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