Discurso de Correa en el Vaticano desnuda desigualdades en el mundo

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    El presidente Correa abordó este viernes los profundos cambios registrados en la situación política mundial desde 1991, año de publicación de la encíclica de Juan Pablo II, ‘Centesimus Annus’, fuertemente influenciada por la caída del muro de Berlín en 1989 y el final de la llamada Guerra Fría.

    A este ciclo de conferencias también fueron invitados el presidente boliviano Evo Morales, el precandidato demócrata norteamericano Bernie Sanders, el economista Jeffrey Sachs, el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y Javier Iñíguiz Echeverría, profesor del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Perú.

    “Vivimos en un mundo que es el imperio del capital y el gran desafío del siglo XXI es lograr la supremacía de las personas sobre el capital”, advirtió el mandatario ecuatoriano en su intervención.

    “Las grandes desigualdades han creado democracias restringidas o abiertamente ficticias, donde parece ser que la soberanía radica no en el pueblo sino en el capital”, dijo.

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    “Las democracias occidentales deberían llamarse democracias mercantiles”, explicó tras condenar el neoliberalismo y la concentración de los medios de comunicación en manos de pocos privados.

    Refirió que tras el colapso del bloque soviético, y a través de una equivocada lógicacontrafactual, se legitimó no solo el capitalismo liberal sino a su expresión extrema, el neoliberalismo, al considerar el Estado mínimo como el más adecuado para el desarrollo.

    “Con la ayuda de una supuestamente exacta y positiva ciencia económica se disfrazó una simple ideología como ciencia y como por arte de magia el egoísmo se convirtió en la máxima virtud, la competencia en modo de vida y el mercado en omnipresente e infalible conductor de personas y sociedades”, expuso el mandatario en su conferencia académica.

    Bajo esa premisa, añadió Correa, cualquier cosa que hablara de soberanía, de planificación o acción colectiva debía ser desechada.

    Sostuvo que a partir del auge del capitalismo liberal y del Estado mínimo el mundo derivó a niveles sin precedentes de desigualdades, lo cual está matando como sociedad e, incluso, como civilización.

    En este contexto, el presidente ecuatoriano citó un informe de la Oxfam que señala que en 2015, sesenta y dos personas tuvieron más riqueza que 3.600 millones de seres humanos, el 50% más pobre de la humanidad.

    “Al dejar libre las fuerzas estructurales del capitalismo, como sugiere el mantra neoliberal, se empuja inexorablemente a la civilización hacia una espiral sin fin de desigualdad. Por el contrario, la evidencia demuestra que en un Estado de bienestar, que garantiza adecuados niveles de equidad se logra con mayor probabilidad el fin último de la economía: la felicidad”, subrayó.

    Agregó que la historia ha demostrado que para lograr la justicia e incluso la eficiencia se necesita manos bastante visibles, acción colectiva, una adecuada pero importante intervención del Estado con la sociedad tomando conscientemente sus decisiones por medio de procesos políticos, dijo en contraste con la mano invisible de la que habló el filósofo Adam Smith en una famosa metáfora que ensalza la supuesta capacidad autorreguladora del libre mercado.

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